Discurso del Presidente de las Cortes de Aragón con motivo del XXVI aniversario de la Constitución

Dentro de cuatro días se cumplirá un nuevo aniversario desde que se aprobara en referéndum nuestra Constitución. Las Cortes de Aragón, como institución que legisla y que representa a todos los aragoneses, se ha querido sumar a esta celebración para rendir un merecido tributo a nuestra Carta Magna como logro colectivo compartido.

Hace un año, cuando nos reunimos en este Parlamento, en estas Cortes, con motivo de su vigesimoquinto aniversario, y rendimos un merecido tributo a los diputados y senadores aragoneses que participaron en el proceso constituyente, hicimos hincapié en resaltar lo que supuso el Texto constitucional, en cuanto que significó la configuración de un Estado social y democrático de derecho y la incorporación de nuestro país al mundo desarrollado en términos sociales, políticos y jurídicos.

Fue también el momento de afirmar que durante esta etapa constitucional hemos sido testigos de la andadura democrática más estable y próspera de nuestra historia. Los valores básicos consagrados por la Constitución no han perdido ni un ápice de su vigencia. La libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político de nuestro artículo primero siguen manteniendo en la conciencia de los españoles la misma posición de supremacía.

Desde 1978 España se ha incorporado a la cultura de la libertad y hoy, nos hemos adentrado en el segundo Milenio y debemos mantener las conquistas de la humanidad, sin olvidar que para consolidarlas es necesario no abandonar ese espíritu de firmeza y rebeldía que siempre ha estado unido a ellas.

No podemos descuidar en nuestras sociedades libres un continuo desvelo por mantener en la ciudadanía, especialmente en los más jóvenes, un continuo aprendizaje en la cultura de la libertad.

Señorías, estamos en un Parlamento, obviedad motivada por la reflexión que quiero compartir con ustedes.

Tengo la convicción de que los parlamentos, a diferencia de otras instituciones cuya naturaleza está directamente vinculada a la gestión, deben desempeñar un papel esencial a la hora de propiciar e impulsar nuevos debates políticos, de lograr reflexionar sobre aspectos teóricos, de ofrecer un lugar común donde poder discutir y llegar a acuerdos.

En definitiva, ser, si me permiten la expresión, el laboratorio de ideas, el elemento catalizador de la vida pública, el sostén imprescindible del sistema democrático.

Prueba de ello es que estamos asistiendo tanto en los Parlamentos autonómicos, en las Cortes Generales como en las instituciones europeas a la aparición de diversas propuestas que ponen de manifiesto la necesidad de adaptar normas y preceptos a la nueva realidad.

Reforma de estatutos, reforma constitucional, nuevo tratado europeo, son pruebas de este proceso dinámico en el que estamos inmersos.

Así quedó de manifiesto, por ejemplo, en la última Conferencia de Presidentes de Asambleas Legislativas de las Regiones de Europa celebrada en Milán, que acordó reforzar la cooperación entre los distintas parlamentos regionales con el objetivo de contribuir a la construcción del nuevo entramado institucional europeo, tratando de propiciar el ejercicio del principio de subsidiaridad y corregir el llamado déficit democrático.

Nuestra Constitución ha sido de sobra alabada por todos, ha contribuido en estos años a una consolidación política y social. Tiene prestigio, al margen de su calidad jurídica, sobre todo por su eficacia y aceptación entre la ciudadanía.

Pero no estamos ante un dogma o ante una verdad absoluta, sino ante una norma de convivencia global con vocación incluyente que facilita el respeto, la diversidad y la tolerancia; que debe proceder a un reajuste de los aspectos envejecidos por el uso y proporcionarle los medios para contribuir a resolver los problemas que necesariamente surgen en una sociedad plural, moderna y en permanente proceso de cambio.

La cuestión radica en contar con un sistema que brinde los medios para reaccionar ante los retos que surgen día a día y para ello es necesario, como mínimo, un entramado normativo que arranque precisamente de la Constitución.

Frente a esta aparente paradoja, resulta casi innecesario afirmar que no muestra mayor adhesión, mayor fidelidad a la Constitución quien proclama a ultranza su intangibilidad que quien defiende la conveniencia de su reforma.

En los países de la Unión Europea se ha procedido en los últimos cuarenta años a numerosas reformas constitucionales con numerosos artículos afectados.

Sólo desde el respeto y el acuerdo de lo que significó la Constitución se puede abrir un nuevo espacio para conformar una voluntad compartida, un nuevo espacio que tome el pulso a nuestra Constitución y que afronte con valentía aquellos aspectos que, en estos momentos, transcurrido ya el periodo de vida suficiente, no aportan lo necesario en el escenario actual.

Señorías, el Estado autonómico, el Senado, la sucesión monárquica y la futura Constitución europea, son cuestiones que están en el escenario político.

En relación con el Estado autonómico, junto al grave problema, puramente político, repito, puramente político, de la existencia de fuertes nacionalismos independentistas en algunas Comunidades Autónomas; con la consiguiente merma de la integración nacional indispensable en todo Estado compuesto, surge otro menos grave en teoría, pero también importante, como es la defectuosa existencia de instituciones de coordinación e integración territorial, así como una tentadora interpretación por parte del poder central en cuanto al reparto competencial.

La reforma del Senado, para que éste sea una auténtica Cámara de representación territorial, requiere una modificación constitucional, pero es evidente que nuestra actual Cámara alta no se comporta como una instancia integradora de los distintos territorios dotados de autonomía política y que, al mismo tiempo, contribuya a configurar una voluntad española común.

Es necesario dinamizar la línea de discusiones y estudios doctrinales sobre la composición y funciones del Senado desde los foros más estrictamente políticos y este Parlamento puede y debe estar presente.

El debate esta abierto. Las Comunidades Autónomas, Aragón, como parte del Estado no pueden ser ajenas al mismo.

Estas Cortes han aprobado mantener durante esta legislatura una Comisión especial de estudio que aporte junto a otras cuestiones, la visión que nuestra Comunidad Autónoma tiene sobre la composición y funciones del Senado, sobre los déficits del Estado autonómico y sobre las consecuencias que produce nuestra integración en Europa. Precisamente, hemos creado esta misma semana una Ponencia especial sobre asuntos europeos, dado que la incidencia de la política comunitaria va a ser cada día mayor en todos los territorios de la Unión.

Dentro de unos meses, asistiremos en nuestro país a un referéndum consultivo sobre el Tratado constitucional europeo. Si el tratado constitucional se convierte, por fin, en una Constitución formal de la Unión Europea, no sólo nuestra Constitución, sino todas las Constituciones de los Estados miembros habrán mudado, sin duda, su significado originario.

Este hecho ya se produjo en cierta medida con nuestra incorporación a la entonces denominada Comunidad Europea, dado que determinadas competencias del Estado ya dejaron de pertenecerle debido a que fueron transferidas a las Instituciones comunitarias, vaciando de contenido, en una parte, la vieja soberanía estatal.

Hoy, transcurridos veintiséis años de madurez política de nuestra Democracia, podemos ya atrevernos a reconsiderar ciertas posiciones constitucionales sin temor a poner en peligro ninguno de sus valores y principios fundamentales.

La gran virtud que debe atribuirse a la Constitución del 78 es que recogía el espíritu con que la sociedad española afrontó el reto de la transición democrática, por ello, su reforma debe ser el resultado de un gran acuerdo político y social, ampliamente mayoritario.

Termino ya esta intervención formulando votos para que España y Aragón, desde su compromiso con los valores subyacentes de la Constitución, tenga horizontes y no se conforme sólo con tener futuro. Horizontes que sigan despertando entre las generaciones venideras un talante de ciudadanos libres, críticos y solidarios.

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