Un año de Jesús Sanz como Obispo de Huesca

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Este martes, 14 de diciembre, se cumple un año desde que Jesús Sanz Montes fuera ordenado Obispo de la Diócesis de Huesca. Con motivo del aniversario de su Consagración Episcopal, se ha preparado una Eucaristía, que se celebrará a las 6 de la tarde en la Catedral de Huesca. Todos los diocesanos están invitados a participar.

El obispo compara este año transcurrido con ?Las cuatro estaciones?. Un invierno tranquilo, una primavera florida, un verano de mucho sofoco y, ahora ya, un otoño sereno. Jesús Sanz se muestra lleno de gratitud hacia quienes lo han acogido y acompañado en estos meses, tanto los dos vicarios, Agustín Catón en su día, y ahora José Antonio Satué, como los sacerdotes, religiosos y laicos, que han trabajado con él.

El Obispo asegura sentirse muy a gusto en Huesca, y en Jaca. Dice que ha sido muy sencillo entrar en la idiosincracia del pueblo oscense. Y recuerda, por ejemplo, momentos como Semana Santa o el día de San Lorenzo, cuando experimentó la calidez de las gentes de Huesca.

En el ?debe?, afirma que hay dificultades propias del momento que está atravesando la sociedad, y que afecta también a la iglesia, como es la despoblación de la provincia, que también se deja notar en la iglesia.

El verano de mucho sofoco, al que hace referencia Jesús Sanz, se refiere a todos los cambios que hubo de hacer en las parroquias y delegaciones de las diócesis de Huesca y Jaca. Ahora, dice, tras las modificaciones, todo se va tranquilizando, y finalmente se demuestra que los cambios han sido para bien.

El 14 de diciembre de 2003, veinte obispos, arzobispos y cardenales participaron en la ordenación episcopal de Jesús Sanz. Fue una larga ceremonia, cuyo ordenante principal fue el arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, Cardenal Rouco Varela. En total, en la celebración, participaron más de 250 religiosos. Se contó, en la parte musical, con la actuación de la Coral Oscense, y al órgano Conrado Betrán y Alejandro Mosteo.

La celebración tuvo momentos especialmente emotivos, como la lectura del mandato apostólico del Papa, con su nombramiento, la promesa del elegido, o el canto de la Letanía de los Santos, con Jesús Sanz postrado en el suelo. Tras ello siguió la imposición de manos, la entrega de las insignias propias de un obispo, como el libro de los Evangelios, el báculo, el anillo y la mitra. Finalmente, fue entronizado en la cátedra, como nuevo obispo, y fue saludado por todos los obispos presentes con el abrazo de paz.

Un año después, numerosas cosas han cambiado en la diócesis de Huesca, muchos de cuyos puestos, en parroquias o delegaciones pastorales, han sido renovados, o han variado en sus titulares.

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