No somos nada

Lorenzo Río

Las últimas cifras ya hablan de más de 22.000 víctimas mortales en todo el sureste asiático. Siete países de esta zona del planeta viven desde este fin de semana una situación de pesadilla. Como en una de las películas de catástrofes naturales a las que nos tiene acostumbrados el cine estadounidense, lo cierto es que en esta ocasión la ficción se convirtió en realidad. Un terremoto de 9 grados en la escala de Ritcher junto a la isla de Sumatra, en Indonesia, provocaba este domingo un maremoto de consecuencias jamás vistas en la época moderna. Las olas gigantes desencadenaban la tragedia, avanzaban hacia la costa e inundaban, o literalmente, engullían las zonas costeras de Sri Lanka, la India, Tailandia, Malasia , Islas Maldivas, y Bangladesh provocando miles de víctimas.

La calma de las últimas horas ha permitido observar la fuerza devastadora de la naturaleza que, de vez en cuando, nos vuelve a recordar su superioridad. Con un sólo zarpazo, el mar es capaz de devolver al hombre al lugar del que procede, devolverlo a la miseria, a lo más básico, al lugar en el que uno se da cuenta de que a pesar de estar en pleno siglo XXI, de haber entrado en la era digital y de haber conseguido descifrar el genoma humano, el hombre no puede hacer frente a la devastadora fuerza de la naturaleza, y ha de someterse a sus caprichos.

Hay algo que el hombre nunca podrá cambiar. De la naturaleza surgió la vida, con la vida el hombre y con el hombre la civilización. Pero no hemos de olvidar que a pesar de ese concepto que nos hemos creado, aquello de lo que el hombre se vanagloria y que llama inteligencia, por encima de todo eso, la mayor de todas ellas, la mayor de todas las sapiencias, es la de la naturaleza; y da la casualidad de que también es ella la que tiene más fuerza que ninguna otra cosa y nosotros nos hemos de resignar a vivir como nos dicta. Ilusos de nosotros, no somos nada a su lado pero a veces se nos olvida.

Comentarios