Los Inocentes

Nuria Garcés

Cuando éramos pequeños, como había pocas distracciones, el Día de los Inocentes era un momento fantástico para divertirse. Con mi hermana, descolgábamos el teléfono y llamábados la azar: ?¿Está Consuelo??. ?No?. ?¡Pues agárrese que se cae!?. ?¿Está Conchita??. ?No?. ?¡Ah, perdón, que está con Tarzán!?. Con mis primos, ?fabricábamos? cigarrillos con pertardos en el interior para mi tío. Y él, consciente y todo de la broma, se lo encendía para que explotase y nosotros, mientras, nos tronchásemos de risa. En fin, tantas tonterías... No sé quién era más inocente. Probablemente nosotros.

Ya, de más mayor, una escuchaba la radio o leía el periódico, en busca de la noticia increíble. Por aquel entonces, se caía la catedral de Huesca, llegaban mejoras a la ciudad que eran absolutamente imposibles, y hasta hubo un año en que Julio Iglesias en persona estaba en Huesca e iba a firmar autógrafos en la plaza del Principal. Y la gente fue. En masa.

Hoy en día, no las busquen. Ya no hay noticias de ese calado. Todo lo que aparece en periódicos, radios o televisiones, aunque parezca mentira, suele ser rigurosamente cierto. Estaremos más o menos de acuerdo, algunas noticias nos podrán parecer más inverosímiles que otras, pero todo es verdadero. En un plazo de 25 años, esto ha dado tal giro que, lo que hace un cuarto de siglo nos habría parecido totalmente increíble, hoy ocurre. A la vista de tales barbaridades, de tales chorradas que también ocurren a diario, para qué pararnos a imaginar cómo gastar una broma a nuestros lectores, oyentes, espectadores. Los Inocentes los viven a diario.

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