Los habitantes de Jánovas piden que en Aragón no haya más pueblos afectados por un pantano

En pleno debate hidráulico, los afectados por el pantano de Jánovas exigen a las administraciones que nunca se vuelva a repetir en Aragón la amarga historia que ellos vivieron. Treinta años después del desalojo de sus viviendas y después de un exilio forzoso ven, tras las palabras de la Ministra de Medio Ambiente, un rayo de esperanza respecto a una posible reversión de sus antiguas propiedades.

Montse tenía 14 años cuando se vio obligada a marchar del pueblo y cuenta con dolor como en su casa se hablaba a diario de la amenaza del pantano, amenaza que al final se cumplió, aunque el embalse nunca se construyó.

Sus padres fueron los últimos en abandonar Jánovas y hoy viven en Campodarve con el estigma del éxodo forzoso y con la esperanza de la reversión para en parte, saldar la deuda moral que significó una expropiación que no sirvió para nada.

Montse, al igual que el resto de habitantes animan a los pueblos que se pueden ver afectados por la construcción de un embalse y piden a las autoridades que nunca su historia se vuelva a repetir.

Montse cuenta como comenzó el desmantelamiento del pueblo. Lo primero en desaparecer fue la escuela, lo que supuso que ella y el resto de niños de Jánovas, perdieran dos años de escolarización.

En aquel tiempo, sigue relatando Montse, Iberduero les sometía a un acoso diario, hasta el punto que no podían coger ni una manzana, ni se podían bañar en el río en el que los habían hecho desde siempre sin que un responsable de la todopoderosa eléctrica les despachara de lo habían pensado que era suyo.

Pero el día más amargo, termina diciendo esta antigua habitante de Jánovas, fue cuando su familia se tuvo que marchar. Hicieron un viaje con muebles y ropa. Cuando quisieron volver a recoger las macetas que su madre había dejado en los balcones la vivienda de la familia había sido dinamitada.

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