Cartas al Director: “ Luces por Etiopía”

Teresa López Aznarez

Voluntaria en Etiopía organizadora de la campaña

En primer lugar, gracias. Gracias por el trabajo que habéis realizado, por la ilusión que habéis puesto en la campaña, por las horas que habéis pasado en la calle en la labor, a veces ingrata, de interpelar las conciencias ajenas.

Gracias por el apoyo que le habéis brindado a mi familia, y a mí misma, a través de mis hermanos y mis padres. Gracias por vuestro recuerdo, que me hace sentirme afortunada y querida.

Gracias, por pensar en los niños de Mekanissa y hacerles llegar la luz de vuestra solidaridad. Tened la seguridad de que seguirá brillando aquí, en los juegos, en las clases, en el cine, o en el teatro. Iniciativas como la campaña Luces por Etiopía hacen la vida de los cientos de niños que acuden cada día a la misión un poco más fácil y, sobre todo, les permiten soñar con un futuro distinto al que por nacimiento les fue asignado.

Las últimas semanas nos han dejado varios días de fiesta en el barrio (los ortodoxos celebraron el Bautismo de Cristo con grandes procesiones y cánticos a todas horas). La noche de la principal celebración ortodoxa nos dejó también una mala noticia: uno de los niños que acudía desde hace más de un año a nuestro centro salesiano murió ahogado en el río que pasa por el barrio. Tenía ocho años. El hecho impresionó a todos los demás chavales. Dado que conviven todos los días más de ocho horas, entre ellos hay un vínculo especial, tanto por el tiempo que comparten, como por las situaciones que son comunes a todos ellos (pobreza, desestructuración familiar...) Como digo, todos quedaron muy impresionados, y sin embargo no hubo ni una sola lágrima. La vida de un niño, aquí, no tiene mucho valor para nadie. Aparte de su familia, sólo la maestra del centro que lo llevaba en clase lloró cuando, al día siguiente, tuvo que recoger sus cosas del aula. Desaleñ (en amárico su nombre significa ?feliz?) ya no vendrá más. Nos quedan su hermano y doscientos niños más, que, sin lágrimas, sintieron su pérdida como la de un amigo, uno más de la particular tribu que tenemos aquí, que lucha por salir adelante.

Con todo, no perdemos la alegría, y seguimos con la rutina de cada día. Este fin de semana tenemos la celebración de San Juan Bosco. En el centro hemos formado varios equipos de atletismo, fútbol y voleibol para las distintas competiciones, a las que también vendrán equipos de otros colegios del barrio. Con otra voluntaria italiana, nos hemos hecho cargo del equipo de voleibol, compuesto por las chicas mayores. Juegan descalzas, con las faldas arremangadas y el pelo recogido con un pañuelo. Más allá del aspecto deportivo, lo cierto es que los entrenamientos han sido ya de por sí una recompensa para todas, incluso para mí. Verlas trabajar juntas (aquí no es tan común), ilusionarse y animarse unas a otras ha sido increíble. No se trata sólo de jugar a voleibol, se trata de, por una vez, ser protagonistas, a pesar de ser mujeres. No creo que ganemos el torneo pero, desde luego, habrá merecido la pena.

Así, entre pequeñas y grandes cosas, se nos van pasando los días. Cada jornada es un logro, un paso más en sus historias, en sus vidas, en su intento por salir adelante, en este proceso que ahora comparten conmigo y en el que trato de animarles y acompañarles. Un camino, también, iluminado por esas velas que habéis encendido en Huesca. Muchas gracias en nombre de todos los niños y niñas de Mekanissa. Un abrazo:

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