Cartas al Director: Un año perdido

Rodolfo Aínsa, Senador por Huesca por el PP

Mirando hacia atrás, podemos contemplar que ha sido un año perdido. El triunfo del PSOE nos ha sumido en el peor de los senderos: el de la inmovilidad. El presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, con su pánico escénico a tomar decisiones ha desenfocado todos los problemas en aras a permanecer en el poder a cualquier precio y ha trasladado las soluciones hasta que escampen los incendios de Cataluña y del País Vasco. Los apoyos parlamentarios le han impedido gobernar. Salvó los presupuestos, tras su rechazo en la Cámara Alta, de milagro, aprobó la ley contra los maltratos a la mujer porque ya venía consensuada de la legislatura anterior y se amparó en los comités de sabios para que le saquen las castañas del fuego, primero sobre la RTVE, y ahora, respecto al modelo de estado.

En el plano territorial, a ZP le ha sobrado talante y le ha faltado coraje para decir no al plan secesionista de Ibarretxe. Lo ha llevado al Parlamento de la Nación y ha visto como el PNV se mofaba del debate adelantando las elecciones al 17 de abril y proponiendo el texto como arma electoral para imponer la República Vasca Independiente. La cita a ciegas que mantiene por Patxi López y su "comunidad nacional" nos indica que el inquilino de La Moncloa no es un miope político, sino un irresponsable bailando con lobos en el filo de la navaja nacional-separatista ¿Por qué no ha llevado al TC el texto aprobado con los votos de Batasuna? Por cobardía. Este presidente no se moja nunca. Ahí están las "hazañas" de Maragall -herido en su honor tras la crisis catalana- sin que el presidente del Ejecutivo tenga el valor de llamarle al orden. Por el contrario, le ha prometido apoyar el nuevo Estatuto en Madrid si viene con consenso. ¿Y si violenta el artículo 2 de la Carta Magna? ¡Ah, se siente! La culpa será de Mariano Rajoy y del PP. Las tres veces que ha comparecido en la Cámara Alta nos ha dado la medida de su mediocridad. Para él, nación y nacionalidad son sinónimos; la reforma del Senado es imprescindible -no nos dice ni qué quiere ni cómo se llevará a cabo- y la defensa de las lenguas se presenta como símbolo de pluralidad. Ni siquiera ha escuchado al presidente Manuel Marín, tras las burlas continuas de ERC. ZP, erre que erre, con la ampliación de sus derechos ciudadanos y civiles se ha instalado en la democracia teñida que diría Charles Chapin y ahí se las den todas. Mucho talante sobre la nada mientras cambia las reglas de juego en el CGPJ y mantiene al cándido fiscal general, Conde-Pumpido que nada tiene que envidiar al otrora "pollo del Pinar", don Eligio Hernández.

Nuestra política exterior triángula con La Habana y Caracas y hace última escala en Malabo, territorio dictatorial de Teodoro Obiang Nguema. Pero el problema no es que le ninguneen a él sino a España, un país respetado en los foros internacionales y que hoy ha perdido toda influencia en Europa, Oriente Medio e Hispanoamérica.

Pero Zapatero no sólo ha dilapidado el prestigio de nuestro país a nivel internacional sino que, además, se está cargando la solidaridad entre CCAA. Paralizó las infraestructuras diseñadas por Álvarez Cascos, abrió una guerra lingüística entre Cataluña y la Comunidad Valenciana, se descolgó con una política suicida en materia de inmigración, qué les vamos a contar de las soluciones habitacionales, despojó el Archivo de Salamanca para congratularse con los separatista de Carod Rovira, intentó estrangular económicamente a Madrid y nos dejó huérfanos de subvenciones en la UE. Un estratega de la demagogia en estado puro.

¿Cómo ganar el tiempo perdido? Arrimando el hombro. Aquí no sobra nadie porque España es lo que importa. A pesar de todo, el único empeño de ZP y de sus socios parlamentarios -que no le apoyaron ni en el auto-referéndum del Tratado de Roma II- ha sido durante los últimos doce meses aislar a los populares. Nuestro compromiso de consensuar las reformas estatutarias y constitucionales para avanzar juntos y en la misma dirección, sigue vigente. Un acuerdo de Estado sin cartas marcadas. "Es terrorífico -resaltaba nuestro presidente nacional Mariano Rajoy- que el Gobierno no sepa qué hacer con España". Lo dicho: Seguiremos empujando el carro de la unidad y la solidaridad para recuperar un año perdido.

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