Papá

Cristina Pérez

Desde el primer balbuceo donde los labios del bebé logran formar la letra ?p? hasta que, papá, se convierte en el abuelo que acaba durmiendo en la cama plegable del salón, el padre pasa por todo un recorrido de situaciones que, al final, le llenan la frente de arrugas y el corazón de melancolía.

El papel del padre, antes, estaba relegado a la disciplina, al trabajo y al del guerrero que llegaba a casa buscando en su castillo la paz y el descanso. Los niños tenían que silenciar sus juegos, respetar la siesta del rey de la casa y la madre tener dispuesta la mesa y la cama .

La evolución del papel paternal en las últimas décadas ha tenido que acelerar su ritmo en un intento de adaptarse a estos tiempos donde, la familia, además exige algo más. Ya no es el único que aporta nómina al hogar, ya no sirve el beso de buenas noches y poco más, ya no cuela lo de separar temas de mujeres de los estrictamente serios para hablar con los niños...en eso hemos salido ganando.

Papá , ahora, ducha a los niños, pone voz de niña para contar cuentos por la noche, comparte las preocupaciones de su hija quinceañera y respeta las lágrimas de su hijo mayor. Papá se lo ha tenido que currar mucho para demostrar que, él, también forma parte del corazón de la familia.

Papá se asoma a su propio futuro de abuelo y quizá no se vea tan arropado, mucho menos idolatrado, entiende que nadie va a contar con él como él contó con su propio padre. Eso forma parte de los tiempos. Pero , papá, en este presente sabe que, si mamá se va dos días, nada va a rozar la tragedia.

Lo peor, papá, lo peor será ese futuro, con el somier de la cama plegable clavado en la espalda y los nietos exigiendo mucho más de lo que les puedes dar. Nada que ver con lo que tú estás dando ahora. Papá, esto es amor de padres, mejor no pensar.

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