Qué pasará mañana

Cristina Pérez

Qué pasará mañana cuando se vayan apagando poco a poco los ecos de la muerte del Papa; cuando el luto se vaya aliviando para los católicos y después de que la fumata blanca escriba en el cielo romano el nombre del nuevo padre de la Iglesia católica.

Qué pasará mañana cuando, recordemos, que el mundo tiene más extensión que la que marca el luto rojo y que, la vida, fluye por otras plazas, otras calles y otras ciudades que no sean las romanas.

Mañana, cuando otro nombre suplante el balcón y en las iglesias se empiece a orar por el nuevo padre, en ese mañana, seguirán existiendo las mismas miserias que existían antes de ayer. Más allá de las cúpulas, lo púrpura y lo solemne, las religiones volverán de sus asuntos al corazón. Al de cada uno. Y la historia descansará por un tiempo , mientras prepara nuevas páginas en blanco sobre las que escribir.

En ese punto de inflexión se parará la mirada del mundo. Un punto que debería servir para abrir un capítulo diferente, nuevo. Para ?formatear? páginas con más margen , de maniobra, con párrafos justificados y a doble espacio para poder añadir, entre líneas, lo que sea preciso. Páginas donde, todos, puedan y sean capaces de reflejar su propia vida y textos donde , por fin, las minúsculas recuperen la importancia de ser mayoría .

Mañana el mundo seguirá dando vueltas sobre sí mismo, mirándose el ombligo y convencido de que, dios, nos observa desde algún lugar del cosmos dispuesto a desatar su ira en cualquier momento.

Algunos piensan, sin embargo, que dios nos observa desde nuestras calles con la tristeza reflejada en sus ojos sintiéndose invisible ante el espectáculo que el hombre eleva al cielo, pensando que brilla más que el sol.

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