Cartas al director: Accidente de Harineras

Damián Torrijos

En el mediodía del viernes, quince de abril, y mientras Radio Huesca programaba su habitual tertulia, me he puesto en contacto telefónico con la emisora para recordar un hecho objetivo: la explosión que se produjo en 1993 en Harineras Villamayor. Esa información ha sido minimizada por los contertulios invitados; con ejemplos médicos, por ejemplo, se ha puesto en duda la oportunidad de rescatar ese dato de la memoria colectiva.

Me extraña, casi con rasgos de alarma, la negligencia intelectiva que supone esa actitud. Con independencia de las advertencias de carácter teórico que pesan sobre ese tipo de instalaciones, la ciudad tenía un precedente. El carácter potencial del peligro se convirtió, haya ya doce años, en un suceso mensurable. Muy a pesar de los matices, de los ejemplos y aun de las opiniones, un lateral de Harineras Villamayor voló por los aires. Y solo una pasividad indolente, heredada de una corporación a otra, explica que esa circunstancia haya podido repetirse y que deliberada e interesadamente se ignoren los antecedentes. Fui testigo presencial de los efectos de aquella deflagración; asistí a las explicaciones de bomberos y personal técnico especializado. Ya en esa ocasión se dejó constancia (¡hace doce años!) de que se venía insistiendo sobre el peligro que generan las industrias harineras en el casco urbano.

Omito otras opiniones sobre la oportunidad de convertir el traslado de las harineras en una operación especulativa. Pero, cuando menos, quedo tranquilo en conciencia al exponer un recuerdo palpable en las hemerotecas y al denunciar públicamente que nadie en esta ciudad tiene derecho a argumentar el desconocimiento o la sorpresa. De no ser que todos, todos sin excepción, renunciemos a nuestra parte de responsabilidad en un accidente que, a partir de la experiencia, teníamos el deber de evitar.

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