Para por según si llueve y para por según si no llueve

Cristina Pérez

No se trata de hacer un recital de las preposiciones ; pero sí se trata de dejar claro que por si un ?por si acaso?, personal prevenido vale por dos. Que si estas cosas habría que haberlas pensado antes, que si nos ha venido la sequía que se veía llegar y todos a verlas venir; que tenemos todos mucha razón. Vale. Pero una vez aquí, en este austero mes de mayo en lo que al agua se refiere, las decisiones hay que tomarlas de forma contundente, sin que tiemble el pulso y a pesar de que, la reacción a la acción no sea la más popular.

A ver. El personal, que ya se imaginan montando en el balcón de casa un aguapark donde depositar a los niños, en el fondo, saben que si va a faltar el agua, puestos a escasear que lo haga en los vasos de las piscinas y no en los de casa.

Es algo tan sencillo como la ley de las prioridades vitales. Las quejas y todo lo demás está bien, pero ahora, esencialmente ahora lo que hay que hacer es, como dijo aquél, ?arremangarse? y ponerse manos a la obra.

Luego ya veremos si llueve en junio, si truena en julio o si diluvia en agosto. Pero, de momento, tomar una medida como la del no llenado de piscinas ni públicas ni privadas, es una llamada a la pura lógica. Que va a costar, porque vivimos en una sociedad instalada en lo previsible y en la comodidad y, este verano seguro que se han ido al garete muchos planes estivales.

Para eso podemos estar preparados, un verano sin baños en piscinas. Para lo que ya no tenemos entrenamiento es para abrir el grifo de casa y escuchar ese ruido dramático de tuberías secas. Eso ya sería un drama.

Lo de las piscinas no. Fastidia. Vale. Pero un drama no es.

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