Cartas al Director: Agresión a las humanidades

ANA GRANDE OLIVA

Parlamentaria Autonómica del Partido Popular y portavoz de Educación en las Cortes Aragonesas

Hace pocos días, pudimos comprobar con estupor y preocupación otra de las nefastas pretensiones del Partido Socialista en lo que a Educación se refiere, ahora ya plasmadas en el Anteproyecto de la Ley Orgánica de Educación. Este documento no ha alcanzado ninguno de los dos objetivos que el PSOE se propuso antes de su elaboración. Ni CONSENSO, ya que ha dejado descontentos a todos los sectores que componen la Comunidad Educativa; ni el DEBATE, hecho manifiesto en las opiniones vertidas al respecto.

Pues bien, el citado Anteproyecto supone, entre otros, un ataque frontal a la calidad educativa, así como un menosprecio total a las Humanidades. Conscientes de que la educación debe conseguir la formación integral de los alumnos, así como el desarrollo de sus cualidades más esenciales, en el año 1998 el Partido Popular reforzó el estudio de las Humanidades en el nivel de la Educación Secundaria, con la publicación de un Decreto en el que se dotaba de importancia curricular a asignaturas como Cultura Clásica, Latín, Griego, Ética o Filosofía. Asignaturas que sin género de ninguna duda contribuyen a conseguir los objetivos anteriormente citados, lo que exige mantener en los planes de estudio como materias comunes la Historia de la Filosofía y de la Ciencia y la Ética, consolidar la presencia efectiva del Latín y de la Cultura Clásica, fortalecer el estudio de la Lengua, la Literatura, la Historia y la Geografía, fomentar la formación artística y musical, y que ahora este Gobierno Socialista pretende eliminar, sin más argumento que la destrucción de todo lo que el Partido Popular realizó en su momento.

La propuesta del actual Ministerio de Educación y Ciencia propicia que un alumno podrá finalizar la Educación Secundaria Obligatoria sin haber estudiado Latín o Historia de la Filosofía, al ser consideradas como asignaturas optativas. Desaparece la Ética y sólo queda, qué casualidad, la nueva asignatura impuesta por este Gobierno denominada Educación para la Ciudadanía, que rechazada ampliamente por todos los sectores educativos obedece a intereses puramente partidistas y se impartirá en todos los niveles educativos. Esta iniciativa ha hecho que diferentes colectivos hayan puesto el grito en el cielo y hayan mostrado su preocupación por una actuación irresponsable y premeditada de demoler todo aquello que propicia que el ser humano piense, interprete, comprenda, critique, indague la realidad y, en fin, pueda ser libre.

Por elevación, este despropósito se ha extendido a los niveles de Estudios Superiores, y por esta razón en el mundo universitario ha causado un notable revuelo la descabellada idea de suprimir en exceso algunas titulaciones de Humanidades, hecho que ha causado perplejidad e indignación en toda la comunidad universitaria y que ha propiciado la realización de manifestaciones estudiantiles a lo largo y ancho de nuestra geografía. Que el proceso de convergencia europea hacia el llamado Espacio Europeo de Educación Superior supone, entre otros, una oportunidad para rediseñar las titulaciones universitarias, así como una garantía para la movilidad intereuropea de los alumnos al conseguir que un título sea automáticamente convalidado a su equivalente en cualquier otro país de los 25 miembros que componen la UE, es incuestionablemente beneficioso para la realidad universitaria, ahora bien lo que resulta vergonzoso es que este Gobierno, decidió por su cuenta y riesgo poner patas arriba el catálogo de titulaciones y los planes de estudio de la Enseñanza Superior. Y lo hizo sin que nada ni nadie le obligara sobre unos planes que suponían, entre otras consecuencias, la fulminación de licenciaturas como Historia del Arte, la más solicitada de todas las humanidades y de enorme relevancia en un país que posee un patrimonio histórico-artístico inigualable en el mundo, Historia de la Música, o la condensación de las 16 filologías ofertadas hasta ahora en tan sólo cuatro. La excusa oficial fue que se trataba de un cambio forzado por el proceso de adaptación al espacio Europeo de Educación Superior cuyo origen reside en la Declaración de Bolonia de 1999. Pero esta cortina de humo se desvaneció inmediatamente con las declaraciones de uno de los responsables de Educación Superior de la Comisión Europea que reprendió públicamente al Gobierno Español por escudarse en Europa para proceder a un desafortunado proceso de purga de licenciaturas del área humanística, con casos tan descabellados como los citados anteriormente. Por el contrario, la UE precisó que el proceso de homologación universitaria emanado del encuentro en la ciudad italiana no afecta al contenido de los programas ni al número o la diversidad de los títulos. Por lo tanto, se ha falseado la realidad y se ha ocultado que esa reducción es una iniciativa exclusiva de cada país y la responsabilidad es por lo tanto de sus respectivos Gobiernos.

Ante esta desafortunada decisión, realizada a espaldas de la Universidad ya que el diálogo ha vuelto a brillar por su ausencia, algunas Comunidades Autónomas han puesto el grito en el cielo y ya se han manifestado contra esta disparatada reforma. En Aragón, por el contrario, el silencio ante este atropello ha sido una constante. El presidente Marcelino Iglesias ha perdido su postura reivindicativa que tenía con el Gobierno de Madrid y se ha convertido en uno de los ejemplares más fieles al seguidismo de su Partido, y no digamos de la Secretaria Ejecutiva de Educación del PSOE, la Sra. Almunia, a la sazón Consejera de Educación , Cultura y Deporte de esta Comunidad, que una vez más ha hecho mutis por el foro, quizá porque no se entera dada la doble bicefalia que ostenta. Pero no se preocupen, ante esta zozobra social y esta alarma universitaria, el Sr. Zapatero se comprometió recientemente en una reunión con rectores y reafirmó su compromiso con esta frase: ?Y ustedes saben que los compromisos me los tomo muy en serio?. ¡Qué Dios nos coja confesados!

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