Cartas al Director: Cumbres de baja cota

Rodolfo AINSA*

Ya lo dejó escrito el gran Woody Allen en su libro "Sin plumas": "lo importante es el final; porque el final es imposible". Bien, nosotros vamos a seguir luchando por cambiar ese final. Hemos ganado la primera batalla pero la guerra no ha terminado. Tras interpelar al Gobierno y defender la moción correspondiente, la Cámara Alta ha aprobado "instar al Ejecutivo a fin de que intensifique los contactos con Francia para solucionar el aislamiento de Aragón como consecuencia de los pasos fronterizos del Pirineo central".

Como dije, con dolor, en el hemiciclo, Aragón vive de los olvidos, en la frustración, en el abandono y en la incomprensión. Como oscense tenía mis motivos: estamos incomunicados. En la Europa ampliada a 25, nuestra tierra limita al norte con un muro, con la nieve, con los socavones, con la sequía y con la desidia de nuestro vecino del norte. Varado el Canfranc desde 1970, el túnel de Somport se ha convertido en el cordón umbilical con Olorón, al otro lado de la frontera; pero un socavón inoportuno ha bloqueado el tráfico desde hace meses. En los inviernos, como el que acabamos de pasar, la situación se hace insostenible. Portalet es un buen apoyo a Somport en caso de emergencia y Bielsa es un Guadiana que se abre y se cierra, todavía, a merced del clima. Situación insosotenible en los albores del siglo XXI. Aquí pedimos que quede abierto 24 horas al día todos los días del año. Con este panorama, es lógico que hayamos pedido algo políticamente correcto: el túnel de baja cota (un ferrocarril de alta velocidad) por el Pirineo central, es decir, por Huesca.

Apelamos al compromiso adquirido en la cumbre de Zaragoza, el pasado diciembre, entre los gobiernos de París y Madrid. Allí, el propio presidente de la República, Jacques Chirac, se pronunció por este paso necesario para romper el aislamiento que padecemos los aragoneses.

Y eso es lo que hemos reclamado al Ejecutivo. Y, para ello, hemos obtenido el plácet de toda la Cámara Alta. Por asentimiento. No nos duelen prendas en dar las gracias a todos los grupos del arco parlamentario que han entendido perfectamente la urgencia de nuestra petición. En estos tiempos convulsos dentro de la política nacional, donde la cobardía, la indignidad, la rendición y la mentira son valores que cotizan, desgraciadamente, al alza en el 58 por 100 del Congreso, resulta enriquecedor no perder la esperanza.

Damos por no escuchadas las calificaciones -no precisamente bonitas- que este senador popular ha tenido que soportar tanto por la ministra de Fomento, Magdalena Alvarez en la interpelación, como por el resto de grupos parlamentarios -salvo excepciones- tras la moción presentada; vamos a olvidar el pasado porque, recordando a R. Tagore, "somos hijos del futuro". Ya advertí que yo no perdía mucho si no hay acuerdo; pierden los ciudadanos de Aragón. Y eso es lo grave. Los políticos estamos para buscar soluciones, no problemas.

No es razonable, pues, que los productos de Zara, por ejemplo, tengan que desviarse por Irún para entrar en Europa ni que los peregrinos de nuestra provincia rodeen hasta 500 kilómetros para acceder a Lourdes, a unas millas del otro lado de la cumbre. En este contexto resulta urgente impulsar la apertura definitiva del Canfranc, por cierto, tal y como prometió a la señora Álvarez, su homólogo francés hace más de un año. En una cosa estamos de acuerdo con la ministra andaluza de las infraestructuras: hay que cumplir las resoluciones del Senado y simultáneamente, los compromisos adquiridos en las cumbres hispano-francesas, que dan mucho brillo durante dos fines de semana al año pero que luego los acuerdos quedan disueltos en agua de borrajas. La cumbre bilateral de Zaragoza ilusionó a muchos aragoneses -y muy en especial a mis paisanos de Huesca- y no podemos seguir decepcionando a nuestra gente.

Este túnel de baja cota vertebrará a nuestros pueblos y a la ciudad; es un a asunto que interesa a nuestros vecinos de aquí (vascos, navarros y catalanes) y a los de allí, puesto que si Aragón no lo logra representará un retraso de varias generaciones. Las vías de comunicación permiten la circulación de bienes, personas y aventan la intolerancia para dar paso al desarrollo económico, social y cultural; en suma, el desarrollo integral de personas, de seres humanos que son nuestro mejor capital. La permeabilidad de los Pirineos es una lucha constante y no solo en la dirección norte sur, sino también en la de este-oeste.

Mi gran problema -releo en el Diario de Sesiones del 17 de mayo de 2005- no es el Partido Popular; mi gran problema es Áragón, y como es Aragón, en esa línea de actuación tengo que seguir luchando. En este contexto hay que entender la frase que muchos no quisieron escuchar: "yo llamo al pan, pan y al vino, vino". En resumen, por lógica y coherencia políticas solicitamos al Gobierno de la Nación que la travesía central ferroviaria, acordada en la cumbre de la capital aragonesa, que responde a una necesidad mutua, se emprenda cuanto antes; nos parece que también existe voluntad política para impulsarla. Por tanto, empujemos el carro para caminar juntos y en la misma dirección. La lealtad del PP no faltará. Nosotros entendemos la construcción de esta vía como un asunto de estado. No despilfarremos esta unanimidad de la Cámara Alta, ésta oportunidad de articular el territorio aragonés. La comunicación es vida, es futuro; así lo confirmaba con su voto -su último voto- el senador socialista Pedro Santorromán, que nos acaba de dejar hace unas fechas; Pedro era ingeniero y un arquitecto del diálogo y del consenso. Le traté más como alcalde de Abizanda durante mi mandato al frente de la Diputación de Huesca que como senador. Pero siento su pérdida como propia. Reitero mis condolencias a su familia y a su partido.

Sacar adelante la moción sobre las comunicaciones de nuestro Pirineo es un paso muy positivo. Ahora, precisamente ahora, comprendo mejor que en la defensa de los oscenses, no sobra nadie. Al colega y amigo le hubiera encantado, seguro, haber escuchado el compromiso del presidente del Gobierno, en ese miércoles aciago, en el que ETA golpeaba de nuevo con su mensaje de destrucción y muerte.

Coincidimos con él y también con el presidente Rodríguez Zapatero cuando afirmaba solemnemente en el Senado que "las mociones del Parlamento tienen carácter de exigencia, de petición, de expresión de la voluntad de una Cámara que el Gobierno debe atender y, desde luego, ésa es la política que todo el Consejo de Ministros marca a todos los altos cargos". Hágase. Y hágase pronto.

Comentarios