Premio VI Concurso de Cibernarración: Las Sandalias Blancas

Javier Carrera Sausán.

Edad: 13 años.

Centro de estudios: Colegios San Viator Huesca.

Otra vez las sandalias de cuero marrón están cubiertas de polvo. A mí me da igual, pero a mi madre no. Me gusta imaginar que ellas quieren ser de color blanco y hablan con los pies para tramar un plan y mutarse en un nuevo color. Cada día las sombras se mueven para que los pies busquen nuevos movimientos, sombra + sombra macarrones, sombra + sol + sombra, libre en educación física.

Hace calor y tengo sed. El grifo de la fuente está muy duro, a uno casi se le quitan las ganas de beber. Tanto esfuerzo tiene recompensa, el agua está fresca y salpica mi cara recordándome que ya es viernes. Los viernes son el mejor día de la semana porque por la tarde no hay cole ni deberes y se rompe el aburrimiento de la semana. Me gusta detenerme a leer las cortezas de los árboles y ver lo que los enamorados escriben dentro de los círculos. Me da risa.

Pero hoy ha pasado algo fascinante, tanto que me ha llevado a escribir en el ordenador este texto. En la parte de debajo de un tronco había un libro atado con cinta de pintor. Bueno, ahora sé que era un libro, pero al principio he tenido tiempo de imaginar cien cosas rectangulares. Estaba envuelto en un folio y tenía las dobleces de un paquete de regalo. El libro se titulaba ?La vida es sueño?. Era un libro antiguo, con las hojas amarillentas y el lomo un poco desvencijado. A mí me ha gustado mucho el olor de las hojas, porque me recordaba a la sala de estar de la abuela Concha que tiene mil tesoros y siempre huele a antiguo. He leído la primera página como si fuera un actor. Me he subido a un banco para que un público imaginario me oyera, al final de la página todo el mundo se ha levantado y me ha gritado !bravo, muy bien, eres el mejor!. Me he sentido fenomenal, hasta se me ha olvidado la bronca que mi madre me iba a echar al llegar a casa con las sandalias blancas. La despreocupación ha durado poco, porque mis tripas han empezado a quejarse de mi descubrimiento. He pensado en coger el libro y llevármelo a casa, pero sería mejor que se lo llevara alguien que de verdad lo va a leer y le interesara. Lo he vuelto a guardar en el papel y he pegado el libro al árbol. En el folio había una nota con boli azul que decía: ?Ya no lo necesito?.

Ojalá todo el mundo regalara lo que no necesita y los que necesitan algo lo pudieran coger de los árboles. Con este pensamiento he salido corriendo del parque y he vuelto al mundo del ruido y la prisa. Ahora todos los días buscaré en las cortezas de los árboles, corazones y libros.

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