Cartas al Director: : El cuento del ‘burgomaestre’

Érase una vez una ciudad no muy lejana en un tiempo no tan remoto, en la que por desidia de su ?burgomaestre? hubo un grave problema que puso en peligro el abastecimiento de agua e incluso los estanques públicos de sus habitantes.

Comoquiera que una ?chunta? de ciudadanos se dieron cuenta de que por las noches el agua seguía fluyendo por las canalizaciones y acababa en el río sin poderse usar, propusieron llenar por las noches los estanques públicos y de esta forma beneficiar a todos los ciudadanos ayudándoles a mitigar los rigores del verano. Más el ?burgomaestre? dijo que era imposible.

Pero la idea le gustó a otra agrupación de ciudadanos (?Partitus Populum?) que se la apropiaron y la escribieron en pergaminos que repartieron por todos los barrios para que los habitantes del burgo le hicieran saber al mandatario que era una buena idea.

Entonces el ?burgomaestre? sacó de las arcas públicas un buen puñado de ?euro-maravedíes? fruto de los impuestos que pagaban todos los ciudadanos (incluso los de ?chunta? y ?partitus populum?) y pagó un monumental anuncio en el ?Diario del Burgo? en el que contaba todo lo mucho y bien que había hecho para que sus ciudadanos tuvieran agua.

¿Le creyeron los habitantes del burgo?. Pues la mayoría, que eran inteligentes y pensaban por sí mismos, se dieron cuenta de que sus ?euro-maravedíes? estarían mejor empleados dedicándolos a hacer alcantarillas en sus calles o a limpiar la muralla de malezas, en lugar de emplearlos en justificar las decisiones personales del ?burgomaestre? y sus asesores. Para eso podían gastar sus propios dineros que ya les daban bastantes los propios ciudadanos como sueldo por su cargo.

En las plazas y en los mercados los ciudadanos comentaban que la ?Información? la podía dar el señor ?burgomaestre? en las sesiones del concejo, pero que la ?Propaganda? de sus actos, acertados o erróneos, la hiciese, si quería, con cargo a su propio pecunio. Y ya verían los ciudadanos si volvían a confiar o no en alguien que empleaba con tanta alegría los dineros que le facilitaban para administrarlos de cara al bien común.

Y colorín colorado, el cuento del ?burgomaestre? de una ciudad no muy lejana en un tiempo no tan remoto, ha terminado? de momento.

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