Francia sigue huellas de oso para descubrir si pertenecen al hijo de Cannelle

Según explica el diario francés Sudouest, los técnicos de la Oficina nacional francesa de caza y fauna salvaje han seguido en estos últimos días la búsqueda que se ha llevado a cabo en el sector de la cabaña de Aule, donde 65 ovejas cayeron el pasado lunes a un barranco. Las investigaciones estaban destinadas a verificar si el rebaño, que tenía numerosos corderos, podría haber sido asustado por la presencia de un depredador. La pregunta es si el osezno de Canelle fue el causante de este suceso.

No se ha encontrado ningún indicio en el valle, lleno de hierba, donde se encontraba el rebaño. Por el contrario, sí que se han encontrado huellas de oso inconfundibles en otro valle, el de Aàs de Bielle, situado al sur de la cabaña de Aule. En este sector, que se encuentra en el corazón mismo de lo que se denomina ?la zona oso?, las huellas muestran el paso reciente de un plantígrado. Según los especialistas, esas huellas tendrían entre 12 y 36 hora,s y se encontrarían a 700 metros del lugar en el que el rebaño cayó al vacío.

El anuncio fue hecho público ayer por los servicios de la prefectura, que se mantienen, en todo caso, muy prudentes, y evitan cuidadosamente sacar conclusiones apresuradas de este descubrimiento. Según el prefecto, Philippe Grégoire, nada, por el momento, establece que el rebaño de ovejas y el osezno se cruzaran. Recordaba, además, que ninguno de los animales muertos o heridos tenía heridas debidas a un ataque, y que no se encontró ninguna huella de oso en el lugar donde se encontraba el rebaño.

Las marcas encontradas por los técnicos de la oficina nacional de la caza y la fauna salvaje, piensan que podrían ser las del hijo de la osa Cannelle, que murió el pasado mes de diciembre, por los disparos de un cazador de Urdós. Aseguran que son huellas de pequeño o mediano tamaño. Estos últimos días, algunos habitantes del valle han hablado de la posibilidad de que el osezno de Canelle ronde por la zona. Coincidiría el que se trata de un joven animal que, muy probablemente, todavía no sabe cazar ni acosar discretamente a un cordero en un rebaño. No habría conseguido su propósito, pero sí habría provocado por su olor y por su presencia un fuerte estrés entre los animales. De esta presencia, en todo caso, no queda rastro en el suelo que, eso sí, era muy herboso.

El diario francés también habla de la posibilidad de que no sea el pequeño oso quien ronda la zona, sino otros animales. En el región reconocen que cuatro osos, tres de ellos al menos machos, y uno joven, circulan hoy por hoy por esta parte del Bearn.

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