Cartas al Director: ¿ Qué fiestas queremos?

Luis Felipe Serrate y Teresa Sas Bernad, Concejales de Seguridad y Fiestas del Ayuntamiento de Huesca

¿Cómo eran las fiestas de Huesca hace diez, veinte años? ¿Cómo se viven ahora? ¿Qué fiestas queremos? Son cuestiones que en estos días prelaurentinos están en boca de todos.

No se puede negar que los gustos y las costumbres, las formas de divertirse, evolucionan, igual que lo hace la sociedad. Y es lógico y natural que esta evolución la protagonicen los más jóvenes, y más pensando en el tema que nos ocupa, el del ocio y la fiesta, la concepción que hoy se tiene de la diversión en general, y cómo a veces acaba generando inseguridad ciudadana, polémica e incluso abierto enfrentamiento.

Pues bien, los cambios que en los últimos años se han producido en las fiestas de San Lorenzo han sido enormes. Desde el hecho de que hoy podemos hablar, con nombre propio, de fiesta popular, de fiesta de todos, hasta el que cueste ya dilucidar cuándo comienzan o acaban las jornadas festivas, pues las posibilidades de ocio y disfrute van mucho más allá de la semana laurentina, en otros tiempos casi el único momento del año en que a muchos les era posible salir de noche, ir a bailar o despreocuparse de afanes y trabajos.

En ese sentido, por supuesto que las fiestas de ahora son mejores que las de antes, permiten un mayor disfrute a todos por igual y resultan sin duda atractivas para quienes nos visitan. Queremos abundar en ello para que quede meridianamente claro que nuestro afán no es el de magnificar tiempos pasados o el de caer en la añoranza de no sé qué Arcadia feliz que pudo existir algún día.

Pero hay aspectos de la fiesta que, a nuestro juicio, han empeorado con el tiempo. En la actualidad, los días festivos se convierten a menudo en motivo o excusa para quienes, animados la mayor parte de las veces por un excesivo e incontrolado consumo de alcohol (y de otras drogas, no vamos a extendernos en algo de sobras conocido), y amparados en esa supuesta licencia que nos brinda la ocasión de las fiestas patronales, no comprenden que toda manifestación cívica ha de contar con una máxima inicial como es la del respeto del otro, de su integridad física y psíquica, de su tranquilidad emocional -por no hablar del mobiliario urbano...-.

Esta ?moda? se va incrementando, como es sabido, año tras año y se pone de manifiesto particularmente el día 9 de agosto, para agravio de quienes desearían contemplar el paso de la Cabalgata con algo más de tranquilidad, para desespero de sus organizadores y desazón, en fin, de muchos turistas, que se alarman a la vista de esa sucesión de excesos presidida por la sandía, el vino, la harina y lo que haga falta con tal de ensuciar al máximo la vía pública.

Desde el Equipo de Gobierno municipal vemos con preocupación estas y otras manifestaciones ?supuestamente? festivas que no contribuyen a dar de la ciudad la buena imagen de que, por lo demás, sin ninguna duda, goza. Y también en plenas fiestas, cuando los ciudadanos se lanzan de forma masiva a la calle, a veladores y terrazas particularmente, se dirigen a los distintos espacios festivos o participan de los actos programados, divirtiéndose, en su inmensa mayoría, sin molestar ni perjudicar la convivencia con el vecino de al lado. Ese es el modelo de fiesta que a nuestro juicio debe prevalecer: el que respeta y por tanto puede ser respetado, el que privilegia la diversión pacífica y el sentido común por encima de gamberrismos de toda índole.

No está en nuestro ánimo el deseo de polemizar o el de oponer gratuitamente intereses dispares y, a veces, incluso enfrentados. Únicamente queremos invitar a la reflexión sobre cuál es para los ciudadanos oscenses el modelo de fiesta que ha de impulsarse, que les permita disfrutar y sentirse cómodos en su ciudad durante las jornadas festivas.

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