La obra de teatro “Los caballos cojos no trotan” de Luis del Val, se estrena este domingo en Sallent.

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Esta obra es estreno en Aragón ya que se ha estrenado en Madrid y en las principales capitales de provincia, llega a Sallent debido a la vinculación que el autor mantiene con esta localidad tensina ya que cuenta con un Premio de Relatos Cortos que lleva por nombre ?Luis del Val? y al que acude a la entrega de premios. La obra se pone en escena este domingo, 14 de Agosto, en el Polideportivo "El Escaladillo" a las diez de la noche, ?Los caballos cojos no trotan? está dirigida por Antonio Mercero e interpretada por Eloy Arenas.

El actor da vida a un triunfador cuyo éxito se ve destrozado por una grieta íntima que corroe la armadura de vanidad de que se reviste.

A los caballos cojos, según hemos visto en tantas películas del oeste, se les suele pasaportar al otro mundo para que no sufran, naturalmente. Esta imagen recurrente es el leitmotiv de la historia del triunfador cuyo éxito se ve destrozado por una grieta íntima que corroe la armadura de vanidad de que se reviste. Luis del Val narra la historia de Miguel, un tipo simpático al que un desprecio amoroso y el rencor social que agrava el episodio convierten en un canalla. La historia de un especulador cuya imparable ascensión tiene por motor los deseos de venganza, siempre mayores que sus escrúpulos.

El autor elige como forma un monólogo en primera persona como es norma en el género picaresco, la voz incesante del protagonista que visita los recovecos de su peripecia vital, con momentos humorísticos y progresiva negrura hasta llegar al tremendo desenlace, entre el melodrama y la truculencia, pero de gran eficacia. Es un texto cargado de narratividad y que requiere la sensibilidad de un buen director para darle respiración dramática y la de un buen actor para otorgar al personaje encarnadura escénica. Y tanto Antonio Mercero, atento a subrayar, matizar, mover, iluminar la trayectoria y los motivos del protagonista, como Eloy Arenas, que lleva a cabo un potente y emocionante tour de force actoral, aciertan en sus trabajos al servicio de la historia.

Arenas, un actor al que se suele encasillar en lo cómico, demuestra su valía en una interpretación llena de matices que brilla al realizar con encomiable sutileza el tránsito del simpático tarambana juvenil al abyecto negociante maduro. Está bien concebido el espacio escénico, en el que asientos de diverso tipo, del pupitre al sillón de presidente de consejo de administración, sitúan las épocas de la vida de Miguel, singularizados por la iluminación cómplice de Miguel Angel Camacho. La violinista que acota con sus interpretaciones en directo distintos momentos de la obra, en la que interviene con levísimas acciones, es un elemento que se suma al buen acabado final de un montaje que interesa, inquieta y se ve con agrado.

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