Cartas al Director: La Fiesta : Horas y lugares del día grande

Javier Gironella Falces

Periodista

Los sanlorenzos en el día grande del Patrón, tienen perfectamente marcados los tiempos y los ritmos, las horas y los lugares. No son igual las ocho de la mañana que las siete de la tarde o las doce de la noche; amén del cambio en las agujas del reloj, aunque esto es lo de menos porque muchos para este primer día ya han perdido el sentido de los minutos y las horas. Lo cierto es que cada cosa tiene su momento. Vean algunos ejemplos:

A primera hora de la mañana, la Botería de Pedro Lafuente, enfrente mismo de la Basílica de San Lorenzo. Es el punto de encuentro de todos, los que son de Huesca y viven aquí, los que son de Huesca y regresan a casa para las fiestas, los forasteros y los de la diáspora. La botería marca las primeras horas, allí se concentran los danzantes y los miembros de la banda de música, allí están los periodistas que buscan acomodo en alguno de los balcones para narras esa vivencia o las cámaras de televisión, así como la amplia nómina de amigos y familiares de Pedro. Antes el botero y ahora su hijo, es como un cielo en la tierra de Lorenzo, donde la garganta se cierra a la hora de arrancar los primeros compases de los Danzantes. Y Pedro Lafuente allá arriba, sonriendo, complacido de que la tradición de su casa perdure.

A media mañana, La Confianza. La tradición del huevo frito que siempre viene con algo más y el reconfortante vino de Antonio Villacampa y Maria Jesús Sanvicente. Allí se dan cita otro montón, desde los huesquetas de pro hasta los políticos de moda, ahora como es natural los que detentan el poder, pero sin hacerles de menos a los de la oposición. Y conste que hablo de oídas, porque no soy de los que gozan de ese privilegio, me refiero al del huevo frito.

Última hora de la mañana, aperitivo en el Pedro I. Cita de taurinos, de los que saben y de los que únicamente se asoman al redondel para estas fechas. Es la hora de la tertulia de Radio Huesca y entre vermouth y vino tinto, más el aderezo del marisco, se puede ver a la saga de los Luna, que han sido los protagonistas; al Presidente civil y al suplente, dispuesto a tomar el relevo encuanto el titular se descuide y, como no, a Justo Ojeda, que a este paso se jubilará aquí. Quién se lo iba a decir cuando Luis Acín le otorgó la Plaza.

A la hora de la comida, el Hotel Montearagón. Allí se come el mejor pollo al chilindrón (de corral, nada de precocinados), de toda la ciudad, José Luis Solanas, el chef le tiene cogido el punto y su mano es casi santa en esto del plato estrella de la Fiesta y además puede compartir mesa con El Juli.

A media tarde, merienda y toros en la Plaza. Especialmente para los del sol. La merienda depende de cada uno, Lo de los toros de lo que salga por los chiqueros.

A partir de aquí. Lo que ustedes quieran. Porque a esa primera hora de la noche la Fiesta anda ya metida en tales berenjenales, que igual puedes acabar en el recinto ferial con una bolsa de palometas que en cualquier Peña tomándote un cubata.

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