Difícil encuentro

Nuria Garcés

En algunos confidenciales dedicados a la Iglesia leo que se está preparando para el mes de octubre un Sínodo de Obispos, que se celebrará en Roma, en el que se pretenden trazar las líneas de trabajo de la Iglesia de cara a los tiempos que se avecinan.

Hay muchas cuestiones que serán abordadas en este sínodo. Muchas que interesan a los católicos, y muchas más, seguro, que se escapan de la comprensión del creyente-practicante de a pie. Pero en los preliminares, uno lee lo que están proponiendo y cree ver un gran retroceso, paradójicamente en un momento en el que las vocaciones escasean, y no digamos la gente que se siente cada vez más alejada de la Iglesia.

El caso es que, en primer lugar, son conscientes del descenso de la asistencia a Misa. Y para paliar esto proponen que se fijen los sacerdotes en el tiempo que se dedica a la educación en la fe de jóvenes y niños, en contraposición con lo que se dedica a tratar otras actividades, como son las de carácter social...

Lamentan la pérdida de aprecio por la liturgia, y se recuerda la necesidad de confesarse antes de comulgar. Ven, por cierto, una gran desproporción entre los muchos que comulgan y los pocos que se confiesan.

Pero hay más. Recuerdan también que los divorciados y casados de nuevo por lo civil, por muy creyentes que sean, no deben pasar a comulgar; y finalmente, y entre otras muchas cuestiones, apuestan por la recuperación del gregoriano, del latín, del acto de arrodillarse en la Consagración, y de tomar la Comunión directamente en la boca y no con la mano.

Leído esto, uno se pregunta: ¿de verdad que son éstas las mayores preocupaciones de una iglesia, alejada cada vez más de la sociedad?. A la vista de esto, el encuentro entre los creyentes y la Iglesia, cada vez más dispuesta a acoger sólo a los ?auténticos?, parece difícil. Mientras esta sociedad avanza y abre su mente y sus ideas, la Iglesia no sólo parece haberse quedado atrás. Es que da la impresión de que caminan en sentido absolutamente contrario.

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