Cartas al Director: CUTREZ HIDROLÓGICA

Mª. Victoria Trigo Bello

Bajo las luces pre-pilaristas se desvanecen en la opinión pública los ecos del blindaje hidrológico del Ebro propugnado por Marcelino Iglesias y parece apretar menos la argolla del mensaje de acuática solidaridad trasvasista del arzobispo Ureña quien ahora suaviza el mismo dejando que sean los políticos quienes decidan sobre el reino de este mundo. Pero, pasando de largo de estas superficialidades, con preocupación y con indignación constatamos que sigue encasquillado el panorama hidrológico de esta comunidad autónoma.

Ahora le toca a Biscarrués. Sí, a Biscarrués, ese nombre que para algunos en vez de ser la denominación de un pueblo, es ya casi la materialización de un pantano en el río Gállego. Y como ya sucedió en el caso Yesa, todo apunta a que un conteo de votos será la fórmula en la que se culminará el pretendido consenso de los que sumen más contra los que sumen menos. Debatir, estudiar alternativas, analizar necesidades, aprender de errores pasados... eso es marear la perdiz en el panorama de la sequía. Sequía pertinaz, por supuesto, pues sequía sin ese calificativo, no merece ser tomada en serio. Sequía dolorosa y acuciante, sequía de transparencia, pues poca transparencia cabe esperar de un Gobierno de Aragón que no descarta comprar terrenos para facilitar la inundación de tierras y derechos.

Todo esto son manifestaciones de la cutrez hidrológica que impregna la situación del diálogo imposible entre quienes sólo tienen derechos y quienes sólo tienen obligaciones. Sí, esto es la versión actualizada de aquella cutrez hidrológica que en los tiempos del Plan Hidrológico Nacional del Partido Popular -bueno para todos, malo para nadie-, vimos en Aragón sintetizada en aquel imaginario acorazado antitrasvase del que hablaba monofluvialmente el señor Biel y que sonaba a película de corsarios mezclada con submarinos de cuchufleta. Es la cutrez hidrológica de machacar el Jalón -y aquí no se salva ni Chunta Aragonesista-, la cutrez hidrológica de la Presa del Val en el Queiles, la cutrez hidrológica de no lamentar la pérdida del balneario de Tiermas, la cutrez hidrológica de no valorar el tesoro del río Ara, la cutrez hidrológica de destruir empleo en la Galliguera -¡cómo si no interesara buscar y apoyar fuentes para paliar las sangrías laborales del Aragón de ruedas pinchadas...!-, la cutrez hidrológica que hace que en Lechago comprueben la gran distancia del dicho al hecho, la cutrez hidrológica de seguir enfrentando a unos contra otros...

Frente a esta cutrez hidrológica -cutrez extensible al tratamiento de toda nuestra naturaleza-, sería sensato apostar desde las escuelas, desde el día a día, por blindar a la naturaleza de todos estos desmanes, por blindar a la ciudadanía de tanta vulgaridad, de tanta anestesia, de tanto evento hipermagnífico, de tanta respuesta preconcebida, de tanto adoctrinamiento y, por el contrario, dejar vía libre a los interrogantes, la discusión y la auténtica pluralidad, es decir, la que rebasa el mero cómputo de mayorías frente minorías.

Así las cosas, en este estado de cutrez, la Expo meándrica bien podría degenerar a escenario desde el que airear al mundo los chanchullos perpetrados contra nuestros ríos y no sería extraño que Urueña, si para entonces todavía desconociera las posibilidades de las desalinizadoras y de otros resortes para vivir sin incordiar, mirara al cielo rogando agua para la tierra y luz para las mentes mientras otros, sacando pecho en el Pignatelli buscaran dónde esconder a buen recaudo la llave de la tumba blindada del Ebro.