De la viña a la Bodega, los secretos de un buen vino

Solar Luces de Bohemia Coso Bajo

Hoy en día el Somontano no se entendería sin la Denominación de Origen que lleva su nombre. Siglos de tradición vitivinícola que se remonta al siglo XI, época de mayor auge que coincide con el asentamiento del nuevo orden político, social, económico y religioso en los espacios hasta entonces dominados y controlados por el poder musulmán. Un sector que ha variado a lo largo de los siglos hasta la actualidad, momento en el que la Denominación de Origen Somontano cuenta con un total de 24 Bodegas de reconocido prestigio a nivel nacional e internacional, a expensas de continuar haciéndose hueco en nuevos mercados.

Toda una vida llena de sudor y trabajo en el campo por convertir el Somontano en tierra de vinos. Y de los buenos. Y es que un buen vino, antes de llegar a la mesa, debe pasar por un largo proceso que comienza con la recogida de la uva. Época en la que son numerosas las personas que con su cuidado y mimo trabajan sin cesar porque los granos lleguen hasta la Bodega en óptimas condiciones. A partir de ahí se da inicio a una cadena de intensa actividad de la que se extraerán los mejores caldos tintos o blancos, de crianza, reserva o gran reserva de las trece variedades que se cultivan en el Somontano.

Un proceso que no es igual para la elaboración de un vino blanco que para un vino tinto. La principal diferencia radica en el color que se extrae a partir de la piel y que se necesita para la obtención de un vino tinto, si bien el proceso de molturación de la uva será similar. Fase primera en la que se lleva a cabo el despalillado por el que se elimina el raspón de madera que une los granos del racimo. A continuación tiene lugar el estrujado o machacado de la uva, que consiste en extraer el mosto del interior del fruto. Comienza aquí a diferenciarse el proceso de elaboración.

En la obtención de un vino blanco el proceso continúa con el prensado, donde se lleva a cabo la separación de las pieles y pepitas del mosto, que se llevará a fermentar durante al menos 15 días. Proceso similar en el caso de elaborar un vino rosado, aunque éste se realizará con uvas tintas, según explica Pedro Aibar, enólogo de Viñas del Vero.

Más complejo es el proceso de elaboración del vino tinto que, a partir de la emulsión de pepitas, pieles y mosto, éste se lleva directamente a la cuba donde tiene lugar la fermentación (transformación del azúcar natural de la uva en alcohol, a través de levaduras) y la maceración de la uva, por la que se obtiene el color tinto. Proceso para el que se necesita aproximadamente de dos, tres y hasta cuatro semanas.

Será al acabar la fermentación, en el caso de los vinos tintos, cuando se proceda al prensado, en el que se separa las pieles y pepitas del mosto ya coloreado. Fase que se inicia con el periodo de la vendimia y que concluye dos o tres semanas después. A partir de ahí se inicia el proceso de embotellado de los vinos jóvenes.

Los caldos que se destinan a fases de envejecimiento se preparan en barricas de roble, tal y como marca la enología tradicional europea, con capacidad para 225 litros. Éstos suelen ser de origen francés o americano, porque tienen un mayor aprovechamiento maderero, además de que aportan mayores aromas al vino. El proceso de envejecimiento consiste en que el mosto, una vez puesto en barrica, vaya adquiriendo los aromas y sabores de la madera.

En función del tiempo que pase el mosto en las barricas obtendremos vinos de crianza, que deben tener al menos dos años de envejecimiento, de los cuales al menos seis meses han debido de transcurrir en barrica de roble. Los reservas deben pasar tres años en la bodega, de los cuales doce meses han transcurrido en barricas de roble. Y los grandes reservas son vinos que han reposado al menos durante cinco años, de los cuales 24 meses han debido estar en barrica.

Llega el momento de preparar los caldos para su embotellado. Antes se estabilizan y se filtran los vinos, de forma que no generen depósitos en la botella, y a continuación se llevan a la línea de embotelladora para concluir su fase de envejecimiento o su comercialización.

Una espera larga que merece la pena, sobre todo acompañando a una exquisita comida, en la que debemos tener en cuenta, a la hora de elegir el vino, el tipo de alimentos y la época del año en la que nos encontramos. Y es que podemos disponer de variedades muy diversas que Pedro Aibar aconseja elegir bien en cada ocasión. Una vez encontramos el momento adecuado y el vino adecuado, sólo nos queda prepararnos para saborearlo.

Sabores, aromas y un sinfín de sensaciones es lo que podemos apreciar en un vino de calidad, que se ha convertido a lo largo de los siglos en el mejor compañero de una buena mesa. ¡Que ustedes disfruten!

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