Cartas al Director: Historias de mujeres rurales.

Lola Giménez Banzo

Delegada del Área de acción Social de la Comarca Hoya de Huesca/Plana de uesca

Hacia mal orache. Se cobijó un rato en la caseta del huerto del saso. Cogió unas acelgas y dio la vuelta al pueblo, como llevaba más de ochenta años haciendo, después se recogió en casa con su soledad y sus recuerdos. Se llama Luciana y es una abuela rural.

Por la ventana vio a su vecina, más joven que ella pero ya pasaba largo de los cincuenta. Luisa estaba dando de comer a los bichos en el corral. Luego se iría con el marido a espedregar, y amediodía comería rápido para que le diera tiempo a peinar a la abuela, fregar y planchar una colada con ropas de los hombres antes de subir rosario. A la salida se irá a pasear con las mujeres del pueblo.

Paseando recordaron el primer día que la nuera de casa Pardo llegó al pueblo. Era extranjera, alta y bonita, se llamaba Afneska. Ella y su marido dudaron, si vivir en el pueblo o irse a Huesca, y al final pudo más el corazón.

El lleva las tierras y la granja, mientras ella va trabajando, limpiando casas, y cuidadndo abuelos y si no de camarera en verano. Ya tiene dos hijas preciosas a las que acompaña todas las mañanas al autobús que las lleva al colegio, allí se ve con las otras madres, esposas y nueras. De las cuales una montó una pequeña tienda en el pueblo, otra es una artista, otra puede hacer alguna sustitución en el hospital, gracias a los cursos de educación de adultos, y la última lleva el albergue rural. Todas, además, cuidan de los padres o suegros, de su marido y sus hijos y la casa, y tienen su segundo hogar en el coche: se usa para trabajar, llevar a los niños a las extraescolares, comprar.

Unas son del pueblo, otras se casaron y se quedaron, y últimamente, hasta hay algunas que sus padres emigraron del pueblo y ahora ellas están volviendo, e incluso vienen mujeres de lejos que montan sus negocios o se compran una casa para vivir fuera de la ciudad.

Juntas miran a los hijos marchar, hijos e hijas que ya no son forasteros, que son todos del pueblo y crecen juntos, en la infancia feliz que dan los pueblos. Niñas con extraescolares de huertos y columpios, de carreras por el pueblo, de noches de estrellas y de todo lo que les lleve su madre con el coche.

Mujeres de diferentes edades o situaciones: abuelas, adultas, jóvenes y niñas, viudas, casadas, arrejuntadas o solteras. Mujeres modernas, con sus talleres artesanos o sus trabajos creativos, y mujeres tradicionales, que se levantan y tienen bichos y huertos a su cargo, que se sientan en la parte de atrás del tractor y van donde haga falta.

Todas emprendedoras que disfrutan de su compañía, en la piscina, la plaza, la misa o el club social para jugar a la baraja o aprender informática.

Gracias a todas por ser valientes por apostar por vivir en los pueblos pese a las dificultades, pese a tener menos servicios, porque luchando juntas los conseguiremos.

Gracias por compartir esta ilusión mujeres rurales, de siempre o de lejos, porque todas hemos hecho de esta tierra su hogar.

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