Cartas al director: ¿Quién necesita periferias?

Curro Domínguez

La pregunta no es ociosa tras 5 años de multimillonarias ediciones. Un festival cultural que se hace sin consultar ni a vecinos ni a colectivos ciudadanos, en la más estricta endogamia de unos pocos amiguetes y políticos, ¿quién lo necesita? ¿Acaso en algún momento alguien se ha planteado si ese enorme dispendio económico cubría las necesidades realmente existentes de la sociedad oscense? Lo cierto es que no, pues ha sido diseñado y ejecutado al margen de todo tipo de consulta ciudadana.

Habrá quien responda que Periferias sirve para dar a conocer a Huesca en España: cara publicidad que se podría llevar a cabo mediante otro tipo de campañas. Habrá quien diga que sirve para dinamizar la hostelería oscense: pocos son los pernoctantes "gracias" a la autovía a Zaragoza. Habrá quien afirme que Periferias genera corrientes de cultura alternativa: sólo de los amiguetes y enchufados que prosperan a la sombra de sus artífices; ¡si hasta el festival off, Redoladas, está organizado por el Excelentísimo, abducido como fue aquel simpático y espontáneo Peripecias!

Quien realmente necesita Periferias son los políticos que lo utilizan como proyección de su partido, dilapidando dinero público en un constante ejercicio de autobombo y promoción personal. Que les servirá para justificar la conveniencia de construir un Palacio de Congresos Multipufos -para mayor abundamiento en el bombo de sus promotores. ¿Hasta cuando los políticos seguirán pensando sólo en sí mismos? Esa es la cultura institucionalizada a que nos estamos acostumbrando, sin que parezca que existan alternativas a la invasión política -en su peor acepción- de la escena.

Pero sí que existen alternativas a la espectacularización de la cultura actual: participación ciudadana, diagnóstico de necesidades, implicación social, cultura del pueblo... En una palabra: democracia cultural, que nos educara y permitiera desarrollarnos como individuos y ciudadanos -lo que constituiría un verdadero programa de izquierdas frente a la adocenante democratización de la cultura: que para eso ya tenemos la televisión y Disneyland París. Pero eso de hacer ciudadanía más culta ... no interesa demasiado a nuestros gobernantes.

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