El catalán no es la peste

Me llama la atención lo que leo y lo que a veces me ha ocurrido con la cuestión del idioma. Me sorprende hoy saber que un ciudadano de las comarcas orientales de la provincia no fue atendido en el médico por hablar catalán, ¿no es increíble? ¿no vulnera los derechos humanos?

Pero el odio por el catalán es tal en la calle que asusta. Los casos se pueden contar por cientos. La cuestión ha llegado tan lejos que el problema ya no es hablar. Presentar en las instituciones aragonesas documentación en catalán es casi como llevar sobre el mostrador un paquete bomba.

El otro día un amigo me contaba que fue a la dirección provincial de tráfico en Huesca a gestionar un asunto con una denuncia de los mosos de escuadra. El documento estaba en catalán, y lo primero que le dijo el funcionario es que ese escrito tenía que estar en castellano, en caso contrario la gestión no era viable. La verdad, no creo yo que leer un documento escrito en catalán, se necesite la piedra roseta, es más seguro que el interesado hubiera estado encantado de traducírselo.

Otro ejemplo me ocurrió a mi hace muchos años. Me fui a Zaragoza con mi recién estrenada tarjeta de selectividad. Muy contento por haber superado las pruebas me disponía a hacer la preinscripción para intentar estudiar una carrera en mi tierra. Cual fue mi sorpresa cuando me negaron hacer la preinscripción por tener las notas de selectividad en catalán.

No se si son órdenes o iniciativa propia de todos estos administrativos o funcionarios, lo que si que se es que de el catalán es como una etiqueta que te llena de ?per/prejuicios?. Me gustaría dejar claro es que los que perdemos somos los propios aragoneses que por haber nacido cerca de Cataluña o estudiado con catalanes también tenemos que sufrir el desprecio de nuestra propia gente.

En definitiva, simplemente abro esta reflexión para que vean si a veces somos cerrados de mente, perjudicándonos a nosotros mismos. ¿Hablamos el mismo idioma?

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