Cartas al Director: Golf, Desarrollo, Pirineo y Sabiñánigo

Carlos Iglesias Estaún

Alcalde de Sabiñánigo

Supongo que cuando en 1918 las primeras implantaciones industriales desembarcaron en Sabiñánigo, atraídas tanto por la proximidad a los saltos de agua que producían electricidad, entonces más barata donde se generaba, como de las buenas comunicaciones (ferrocarril a Francia) algunas voces lamentarían el cambio de modo de vida que eso representaba, y también otros mostrarían ese temor que siempre se percibe al plantearse avanzar en direcciones distintas a las habituales. Lo nuevo, demasiadas veces, despierta desasosiego ante la incertidumbre que siempre le acompaña.

Han pasado 88 años y el resultado de aquella revolución industrial que vivió nuestro territorio no ha podido ser mas positivo para Sabiñánigo y su comarca. Esas voces se equivocaron y gracias al desarrollo industrial, muchos pueblos pequeños no se despoblaron del todo y estabilizada su economía por la seguridad del salario industrial, pudieron mantener sus pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas de carácter familiar y hoy muchos de esos pueblos ven como vuelven a crecer gracias a que en su día se mantuvieron firmes ante la despoblación generalizada en otros lugares pirenaicos. También se equivocaron los que preveían que el desarrollo urbano y demográfico que se avecinaba no seria posible digerirlo y que se producirían tensiones inasumibles. Nada de ello paso y por el contrario, nuestra ciudad multiplicó su población y pasó de ser un pueblo más en la extensa geografía aragonesa a figurar por numero de habitantes, en el 9º después de las tres capitales de provincia. No cabe duda que algún peaje se ha pagado en este exponencial crecimiento, pero nada comparable a los beneficios que en este amplio espacio temporal, nos ha reportado.

Este constante progreso en nuestro desarrollo industrial anuló cualquier posibilidad de al menos estudiar, alternativas de crecimiento y mantenimiento de población en otros campos de la economía. Así mientras otras poblaciones pirenaicas al amparo de las implantaciones de estaciones de esquí y otras infraestructuras turísticas, iniciaban una decidida apuesta por este sector económico, nosotros continuábamos con nuestra imparable e inequivoca vocación por el sector industrial que nos seguía dando riqueza, crecimiento demográfico y sobre todo seguridad en nuestro futuro.

En los inicios de los años 80 la crisis industrial que se extendió por toda España y sobre todo la pérdida de las ventajas que promovieron nuestra situación privilegiada (electricidad barata y buenas comunicaciones) propiciaron que nuestra industria entrara en un proceso de debilitamiento que se tradujo en el cierre de algunas de ellas (Inquinosa y Fósforos) o la pérdida importante de empleo en otras (Aragonesas y Aluminio) que a pesar de ello han seguido manteniendo una importantísima aportación a la riqueza de la localidad y que con un decidido interés por mantenerse en Sabiñánigo han superado todas las crisis y vicisitudes que en este largo periodo de 88 años han sufrido. La llegada de Bieffe Medital propiciada por el eficiente entendimiento entre el Ayuntamiento de Sabiñánigo y el Gobierno de Aragón y el decidido apoyo de este último, palió en parte esa perdida de empleo y hoy se ha convertido en la empresa industrial de mayor número de empleados de la ciudad.

Aquellos años de crisis, con la creación de la Mesa por el Empleo, las sucesivas reuniones reivindicativas e incluso manifestaciones y concentraciones en nuestras calles (la última multitudinaria en Diciembre del 98) dejaron claro en primer lugar que queríamos seguir siendo una ciudad industrial y ser referente de este sector en todo el Pirineo, pero también vimos con claridad que nuestra situación geográfica y las mejoras de las comunicaciones que ya se adivinaban, posibilitaban una apertura al sector servicios que pudiera apoyar al sector industrial en la difícil tarea de mantener o incluso ampliar el empleo en la ciudad.

Las políticas que desde entonces se han desarrollado en esta doble dirección, han venido dando sus frutos y así vemos que mientras el sector industrial ha seguido creciendo (sucesivas ampliaciones de Bieffe, polígono de Pardinilla etc), en el sector servicios tras años de gestiones y trabajo en silencio, estos días vemos como cristalizan, en la próxima construcción de tres campos de golf con sus respectivas urbanizaciones.

Las cifras de viviendas previstas al amparo de los campos de golf pueden, como en 1918, asustar a algunos, pero en nada difieren a lo que se ha venido haciendo en el resto del Pirineo en estos últimos años. Si se compara el número de viviendas por habitante de las poblaciones de las Comarcas de la Jacetania y Alto Gállego más próximas al Pirineo, con las que tiene Sabiñánigo, en todos los casos prácticamente lo doblan. Incluso ejecutando inmediatamente todas las viviendas previstas en los tres campos de golf (algo que no se producirá hasta dentro de diez años) el resultado de la sencilla operación aritmética descrita anteriormente seguiría dejando a Sabiñánigo por debajo de la media de todo el Pirineo en lo referido a viviendas por habitante.

Ese simple cálculo nos muestra la verdad de esta aparente explosión urbanística de Sabiñánigo: si no queremos dejar pasar nuevamente esta oportunidad de desarrollo, deberemos hacer en diez años lo que otros han hecho en cuarenta, recuperando el periodo en el que nuestra espléndida realidad industrial nos eximia, con razón, de pensar en otras alternativas económicas. La realidad y el sencillo resumen, es que Sabiñánigo seguirá siendo un centro industrial de primer orden en el Pirineo y al mismo tiempo se propiciara un importante desarrollo turístico basado en urbanizaciones de calidad, alrededor de un deporte emergente como es el golf, generador de una creciente demanda de instalaciones por sus usuarios.

El reto es armonizar ambos sectores, hacer las cosas bien, pensando en el futuro, colaborando una vez más en el desarrollo y crecimiento tanto demográfico como económico de nuestro Pirineo. La falta de visión de nuestro futuro, solo nos puede llevar a que estas infraestructuras deportivas al igual que las ampliaciones de estaciones de esquí u otras grandes inversiones previstas. se vayan lejos de nuestras poblaciones, y generen la riqueza, que con toda seguridad llevan consigo, en otro territorio.

Si hacemos las cosas con sentido común, rigor y poniendo las bases sólidas para asegurar la viabilidad futura de estas actuaciones, seguro que dentro de 88 años nuestros nietos nos lo agradecerán como ahora lo hacemos nosotros con los que propiciaron el nacimiento industrial en 1918.

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