Asuntos sociales y familia

Luis Laiglesia

La Comunidad Autónoma Aragonesa parece no tomarse en serio la problemática que plantean cada vez más jóvenes con comportamientos y conductas que en no pocas ocasiones se convierten en patologías psiquiátricas. Baste recordar que en todo Aragón no existe un centro ni público ni privado para atajar este acuciante problema para cientos o miles de familias aragonesas.

Estamos haciendo, todos, una generación de descerebrados a base de fomentar en los medios de comunicación y en el seno de nuestras familias el éxito fácil y sin esfuerzo, la competitividad desmedida, la falta de valores o el predominio de unos en detrimento de otros.

En la sociedad de hoy en día ser sincero, trabajador, solidario, coherente, es sinónimo de ser panoli o algo así. Los jóvenes ven esto y lo aprenden.

Recuerdo una encuesta realizada por la institución del Justicia de Aragón en la que un buen porcentaje de jóvenes consideraba que fumar porros no era nocivo.

Con semejante estado de cosas los chavales, al llegar a la adolescencia, un período complicado de por sí, terminan convirtiéndose en una verdadera bomba de relojería.

Además, con la dichosa LOGSE, críos de 11 y 12 años son obligados a acudir al instituto y, lo que antes ocurría a los 14 años: flirteo con drogas, las primeras salidas?comienza ahora dos o tres años antes. Gran idea de esta ley que nadie se ha atrevido a retirar a pesar de que no ha dado más que disgustos y un nivel académico de nuestros alumnos lamentable.

Por si fuera poco, algunos centros, conociendo que en su interior hay verdaderos trapicheos, tráfico de estupefacientes, peleas, abuso de alumnos hacia otros alumnos o hacia los propios profesores, no saben o no quieren atajar el problema.

No es de extrañar, pues, que con todo lo que les cuento, haya innumerables casos de adolescentes con problemas de adaptación, conductas agresivas, falta de conciencia y un largo etcétera. Sin embargo el Gobierno de Aragón ni ha sabido prever el problema ni parece que ello esté entre sus prioridades. ¡Y eso que tenemos una consejería de Familia y otra de Educación!

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