Cartas al Director: Una nación de personas

Rodolfo Aínsa

La celebración del XXVII aniversario de la Carta Magna en el Congreso de los Diputados ha confirmado que ETA y el Estatut la han dejado malherida en los últimos veinte meses. La soledad institucional a la que sometieron al presidente del Gobierno sus socios y aliados (PNV, mixto y ERC) -éstos, quemando incluso páginas de la CE en pleno centro de Barcelona- contrasta con la lealtad sin fisuras de nuestro partido. Y el pueblo lo sabe.

Allí estaba Mariano Rajoy encabezando la delegación popular que incluía a todos nuestros líderes nacionales. Es la respuesta responsable frente al aislamiento del Gobierno y del PSOE, preso del Pacto del Tinnel, que no firmó pero que cumple a rajatabla.

Horas antes, nuestro presidente, tras el accidente de Móstoles, junto a la presidenta de la CAM, Esperanza Aguirre, - los jueves, milagro-, convocó a miles de militantes y simpatizantes en la Puerta del Sol para rendir homenaje y reiterar nuestra lealtad al texto común que nos dimos todos en l978.

Nadie nos regaló nada ?recalcó Rajoy- ni lo heredamos ni nos lo impusieron. Nuestra Constitución está escrita desde la libertad. Gentes llegadas de todos los rincones de España leyeron simplemente un artículo de la Ley de leyes. Y los congregados aplaudieron cuando se hablaba de unidad, de democracia, del respeto a la vida, de libertad de expresión, de justicia, de solidaridad, de educación, de vivienda? Los españoles quieren y sienten la filosofía de la CE. Y ese sentimiento fue el que supo recoger, en su último baño de multitudes, nuestro líder con la mano escayolada.

Fue especialmente aplaudido cuando, con palabras de Abraham Lincoln, recordó que ?la nuestra es una norma del pueblo, por el pueblo y para el pueblo?. Y con el pueblo?en la calle.

Los convocantes entendieron enseguida el significado y el alcance de los derechos individuales ?porque ?enfatizaba Mariano Rajoy- los integrantes de nuestra nación no son las tierras ni la historia: son las personas. Nos importan las tierras y la historia porque forman el marco de la vida de las personas, pero el depositario de los derechos es siempre el individuo. No formamos una nación de naciones, sino una nación de personas, de ciudadanos libres e iguales. Es lo que somos?.

Toda una declaración de principios constitucionales frente a las reivindicaciones de derechos medievales que nos abocan a la disgregación. Con la audiencia entregada, Rajoy recordó los frutos de la Constitución que nos han proporcionado los mejores años de nuestra vida: el estado de Derecho, la solidaridad, la reconciliación, el papel esencial de la Corona, el modelo territorial ?la España autonómica- para llegar a esta conclusión: ?No hay más que una nación: la española, la que formamos todos los españoles. Y no reconocemos más que un único poder soberano cuyo propietario es el pueblo español entero?.

A continuación, reivindicó también el espíritu y el consenso alcanzados en la Transición y denunció las voces de los que quieren construir el futuro sobre el pasado que nos dividió, con nostálgicos de la confrontación ?del todo o nada- que intentan echar por tierra los mejores logros colectivos. ¡Qué lección de nobleza, honradez y amor a España desde la oposición!

Las críticas del PSOE, del Gobierno y de los nacionalistas a este acto de fervor constitucional ?y sobre todo de civismo colectivo y masivo- indican que era el momento oportuno de apoyar la infovía por la que han discurrido los mejores sueños democráticos de casi seis lustros. La Constitución sigue siendo nuestra Biblia para la convivencia.

A los socialistas les duele no poder acompañarnos en la defensa de la CE porque son rehenes de sus compañeros de viaje. ¿Por qué les molesta que homenajeemos y renovemos nuestra adhesión a un texto que nos ha permitido convivir en paz y libertad durante 27 años? La CE es de todos. Hay que tener coraje ?y el presidente ZP no lo tiene- para defender que España es la nación en la que cabemos todos. España no es un concepto discutible.

En contraste, el panorama de los últimos días, ofrecido por el Ejecutivo socialista puede calificarse de patético. Rodríguez Zapatero se desmarcaba con la boca pequeña de las actuaciones de su socio preferente, ERC, en el aniversario constitucional, mientras las juventudes de este partido independentista arrancaban de cuajo, página a página, los capítulos principales de la Ley de leyes. El totalitarismo acecha de nuevo la democracia. Zapatero cree que el mundo gira en torno al Palacio de La Moncloa; es un corredor de fondo que no soporta ninguna sombra sobre su sombra.

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