Bajo un puente

Lorenzo Río

Este fin de semana se han sucedido las concentraciones de jóvenes por toda España que reclamaban el acceso a una vivienda digna. Estas manifestaciones habían sido convocadas de forma imporvisada a través de Internet y de mensajes de móvil, concentraciones que no contaron con la afluencia de manifestantes que cabía esperar. Si en Madrid unos 1.000 jóvenes se echaron a la calle para reivindicar, el hecho de que en Huesca acudiesen unas 50 personas es casi todo un logro si pensamos en la proporción de ambas poblaciones.

Pero al margen de que estas manifestaciones tuviesen buena participación o no, lo que está claro es que lo de la vivienda ha llegado a ser de un punto tan desconcertante, que nadie sabe ni por dónde cogerlo. O bueno, sólo los propios especuladores que consiguen enriquecerse con este lucrativo negocio que en los últimos años se ha convertido en la gallina de los huevos de oro.

Se dice que esto de la burbuja inmobiliaria tendrá que estallar en algún momento y los precios dejarán de subir. La verdad, yo no soy tan optimista, aunque como todo, los ciclos es cierto que si siguen su ritmo, llega un momento en que éste aminora.

El problema de la vivienda es un gran círculo vicioso para el joven. Si el mercado de trabajo condena durante años a la temporalidad a los jóvenes trabajadores que se mantienen durante años en una situación de precariedad laboral, cómo van a lanzarse a por una vivienda, es decir, a por lo que antes era una inversión y ahora es una ruina... Y luego conocemos cifras y estadísticas como la que asegura que el joven español no abandona el hogar paterno hasta los 32 años como media; y digo yo... tienen las condiciones suficientes como para poder hacerlo antes?

Comentarios