La FEMP pide en Jaca iniciativas comunitarias que impulsen las pequeñas ciudades

El Secretario General de la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias), Gabriel Álvarez, ha propuesto durante la clausura del Encuentro Hispano-Francés de Pequeñas Ciudades, que la Unión Europea impulse una iniciativa comunitaria destinada a este tipo de municipios, “una iniciativa innovadora, descentralizada territorialmente, que permita dar respuesta a la diversidad de los territorios”.

Gabriel Álvarez destacó el importante papel jugado por las pequeñas ciudades en los movimientos migratorios del entorno rural al entorno urbano; según explicó, las pequeñas ciudades representaron un término medio entre lo rural y lo urbano, que permitió a aquéllos que las eligieron como destino, conservar su calidad de vida. Diferenció además, entre las pequeñas ciudades ubicadas en áreas urbanas de alta densidad de población y aquellas otras situadas en áreas rurales con poca población, y explicó que, en cualquiera de los dos casos la colaboración intermunicipal era fundamental para que desarrollasen sus funciones como Entidades eficientes y estables.

Junto a Gabriel Álvarez intervinieron el Presidente de la Asociación de Pequeñas Ciudades de Francia (APVF), Martin Malvy; el Presidente de la Diputación de Huesca, Antonio Cosculluela. Finalizado el acto de clausura, el Alcalde de Jaca, Enrique Villarroya, y la Vicepresidenta de APVF, Yolande Boyer, procedieron a la lectura en español y en francés del Decálogo de Jaca, la declaración final de este encuentro, en la que los participantes expresan el deseo de que sus pequeñas ciudades sean suficientemente reconocidas e integradas.

Decálogo de Jaca

Los asistentes al Encuentro Hispano Francés de Pequeñas Ciudades celebrado en Jaca los días 8 y 9 de junio de 2006, en nuestro nombre y en representación de todos los ciudadanos que residen en nuestras ciudades, hacemos y proclamamos esta declaración con la finalidad de que sea incorporada a nuestras tareas de gobierno local y, en cuanto tal, elevada para la consideración de cualquier Administración Pública en sus relaciones con nosotros.

I. Desde la dificultad de nuestra denominación y la necesidad de referenciarla con las ciudades más pobladas y con los municipios tradicionalmente considerados como rurales, manifestamos nuestra voluntad por hacer visible nuestro propio espacio y nuestra identidad como ámbito de políticas específicas adaptadas a nuestra dimensión y a nuestro papel articulador del territorio.

II. Nuestra posición desde esa perspectiva nos obliga a asumir responsablemente tareas que exceden con mucho las posibilidades financieras otorgadas por la legislación a nivel nacional y comunitario, siendo especialmente sensibles a la escasa participación porcentual y efectiva que venimos disfrutando como ciudades de los fondos y políticas comunitarias.

III. Para facilitar las comparaciones entre los países de la Unión Europea, sería conveniente disponer, al menos, de un marco contable de referencia. La vocación y realidad por ser actores eficientes debe apoyarse en una capacidad suficiente de inversión local en nuestro territorio y no responder a la excepcionalidad o a la iniciativa exclusiva de otros agentes institucionales. En un proceso constante e imparable de concentración económica, las ciudades de menor tamaño debemos ser capaces de actuar con la capacidad pública tantas veces demostrada.

IV. Queremos formar parte de un entramado social con un traslado a lo institucional en idénticas condiciones de eficiencia y responsabilidad al que venimos demostrando. No podemos hacer otra apuesta que no sea a favor de fórmulas adaptadas al territorio que respondan a las condiciones concretas, y tantas veces evidentes, de las localidades, sin permitirnos exclusiones de ningún tipo.

V. El compromiso por garantizar la calidad de vida de nuestros habitantes, sólo posible desde el respeto al entorno, está motivando tensiones en los últimos años. Incrementar nuestra presencia en los organismos de planificación, colaborar en los procesos de determinación presupuestaria y, sobre todo, aportar la visión de nuestros vecinos, son nuestros deseos y propósitos.

VI. La condición de Gobiernos Locales, con legitimidad democrática diaria, debe ser respetada y aún fomentada para poder seguir contando con instancias locales intermedias donde las políticas de colaboración, programación y cooperación gocen de estos mismos componentes de legitimidad y responsabilidad desde la cercanía a los ciudadanos.

VII. Tenemos tradiciones antiguas que deben convivir con realidades nuevas; necesitamos de los otros sin poder invocar fronteras como lugares de refugio. Los últimos cincuenta años han cambiado la composición y carácter de nuestros vecinos: queremos enriquecernos con la cultura de todos sin perder la nitidez que forma nuestro perfil humano y social; del intercambio y la convivencia sólo pueden salir modelos exitosos si tenemos la capacidad de adoptarlos desde la responsabilidad de gobierno que debemos ejercer.

VIII. El camino recorrido, la historia, la situación de cada una de las ciudades forma parte de procesos generales, -el envejecimiento, la despoblación, la pérdida de activos…- a los que debemos buscar soluciones desde nuestra apuesta colectiva por el bienestar social. Hora es de ser integrados con voz en las respuestas globales que se están desarrollando y que deben reflejar la importancia que en las pequeñas ciudades tienen y tendrán colectivos ciudadanos especialmente sensibles a las políticas y programas sociales.

IX. Sumidas en un proceso imparable de terciarización sobre las raíces de un mundo con características rurales, debemos encontrar un camino singular -en muchas ocasiones en competencia-, para especializarnos, innovar, arriesgar e integrar a los nuevos pobladores de corte urbano con aquellos colectivos que residen desde siempre, con su cultura, sus hábitos y sus demandas de servicios. Esto exige disponer de los medios necesarios.

X. Queremos hacer constar el vivo espíritu europeo en nuestros municipios, participar en el movimiento municipalista europeo e incorporar el bagaje comunitario en nuestras políticas, respetando nuestras identidades y el principio de subsidiariedad. Confesamos, no obstante, nuestros recelos hacia las políticas de profundización en el mercado interior y las estrategias de libre competencia que pueden venir a dificultar nuestro papel como Entidades Públicas prestadoras de servicios y, fundamentalmente, trastocar el papel conscientemente asumido

de motores cercanos, próximos y responsables.

El acuerdo de todos los presentes y su compromiso de difundirla, desarrollarla y profundizar en sus contenidos, la proclamamos como Decálogo en la Ciudad de Jaca, siendo el día 9 de junio de 2006.

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