Un quebranto

Cristina Pérez Diego

Ha llegado el día. Más de dos mil kilómetros se acumulan entre el tobillo y la ingle. Todas sus aspiraciones deportivo-lúdicas-amateur, se resumen en la Marcha Cicloturista. No es nada, es todo. Un reto personal, superar la marca del año pasado, un corredor de fondo en la vida no podía faltar a la cita de Sabiñanigo.

Desde hace meses sale de trabajar, come y se reúne con su grupo. Cada tarde anota el tiempo que ha hecho, suma kilómetros y resta un día para llegar a la Quebrantahuesos.

Mientras, el Quebrantahuesos, se asoma a algún abismo del Pirineo y arroja a su víctima y la recoge y la arroja, así hasta que sus huesos se trituran en las caidas, se quebrantan y la comida resulta más fácil de digerir.

Puede sobrevolar por alguna cima y, en su vuelo, es posible que vea una masa multicolor moverse por el terreno. Los observará y, una vez descartados como posibles saciadores de su apetito, pasará de ellos y volverá a reinar en alguna cumbre.

Ajeno a que, todo ese espectáculo de humanos sufriendo sin más meta que llegar, sin ansias depredadoras sin metas que les lleven a algún nido de polluelos, esos locos humanos, están allí convocados bajo su nombre: "Quebrantahuesos".

Todos los participantes vuelven año tras año.

Y, quizás muchos no sepan que el Quebrantahuesos, una vez que llega a la vida se aleja del nido, pero al crecer vuelve al sitio que le vio nacer. Siempre vuelve.

Algo parecido pasa con esta marcha que supone un pequeño "mundial" de cicloturistas, que sitúa a Sabiñanigo y la provincia en el mapa de citas universales.

Es una de las marchas internacionales más importantes del mundo, y como dice su organizador Roberto Iglesias....el mundo es muy grande.

Casi tanto como el-la Quebrantahuesos.

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