Cartas al director : La vida en el campo base

Carlos Pauner, miembro de la cordada aragonesa en Karakorum

Aquí continuamos, a casi 5.000 m de altura, tratando de hacer nuestra vida lo más llevadera posible. En estos días de descanso, la rutina se impone. El desayuno, la tertulia, la siesta, las cartas.. Todo se va sucediendo con una cadencia demoledora, mientras la montaña nos contempla desde las alturas. El tiempo sigue siendo bueno y casi todo el mundo está tratando de poner fin a su proceso de aclimatación, para estar preparado para los días definitivos. No todo ha sido un camino de rosas. Un expedicionario austriaco ha dejado la vida en su intento de subir a esta montaña. Sus ilusiones, sus esfuerzos, sus recuerdos, todo, ha quedado tirado en un inhóspito lugar a casi 8.000 m. Para él todo ha terminado, para los que quedamos, un buen recordatorio de que sobrepasar los límites, en ocasiones, no tiene camino de vuelta. No obstante, es difícil reconocer este punto de no retorno. Las ganas de llegar, las ganas de volver, el esfuerzo realizado, las ilusiones depositadas por amigos y aficionados, todo esto, pesa como una losa a la hora de tomar la decisión de renunciar. De cualquier forma, es una lección que no deberemos olvidar en los días venideros. Ojalá el tiempo se mantenga estable y podamos continuar con nuestros planes. Aunque la aclimatación es un poco justa, dado que llevamos muy poco tiempo aquí, la idea es salir para arriba en un par o tres de días e intentar llegar a lo más alto. Si la meteorología nos lo permite y las fuerzas también, sería una buena oportunidad para aprovechar estas circunstancias favorables que la montaña nos brinda en estos momentos. Por eso la vida cotidiana no es tran confortable como se pudiera pensar. Todos estamos dando vueltas a un sinfín de cosas en nuestras cabezas. El equipo que hay que subir, los pasos de la ruta, como responderá el cuerpo a la altura, en definitiva, la eterna duda de si seremos capaces o no. Pasamos horas sentados en una piedra, con la mirada clavada en la montaña, intentando descubrir alguna clave que nos tranquilice, que nos diga que si que lo conseguiremos. Nervios y tiempo libre, una fatal combinación que se introduce en nuestros cuerpos como un pérfido veneno. Son las cosas del base, son las cosas de vivir en este confín de la Tierra, teniendo por delante una difícil y dura misión. Los días irán pasando y pronto, el resultado ya no será una incógnita, sino una realidad. Esperemos que coincida con nuestros deseos.

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