El Campo base de Mayencos en el G-II, situado a 6000 metros de altura

Novedades en la expedición al Gasherbrum II que el Club Pirineista Mayencos realiza este año con motivo de su 50 aniversario. En esta ocasión es el miembro del Grupo Militar de Alta Montaña de Jaca, el comandante Alberto Ayora Rich quien muestra sus sentimientos y emociones encontradas: por una parte la alegría de haber ubicado el Campo Base a 6000 metros de altitud debido albuen tiempo, pero por otra el temor de tener tan cerca una de las bases militares pakistanís, que hacen que los tiros les despierten. Esta es la crónica que el comandante Ayora ha hecho de los últimos eventos.

‘RAFAGAS DE FUSIL EN LAS ALTURAS

Son las 15.00 h y me encuentro sumergido en un sueño profundo, reparador; producto del agotamiento de una larga jornada que nos ha dejado cansados pero contentos. Gracias al buen tiempo imperante, que hemos decidido aprovechar, a pesar de que la aclimatación es bastante justa, hemos establecido el Campo I a 6000 m de altura. No recuerdo si en este momento estoy soñando con los inestables puentes de nieve que acabamos de atravesar, con cuerdas fijas entre los caóticos bloques de hielo del glaciar o si me imagino camino de esa cima que pretendemos conquistar; como esas luces que podíamos ver abandonando el Campo III y emprendiendo lentamente el ataque a la cima del GII mientras nuestro grupo daba sus primeros pasos hacia ella 3000 metros más abajo.

Pero lo que me ha despertado de estos sueños ha sido un sonido bastante familiar, y me incorporo estupefacto en el saco de dormir. Vuelven a sonar claramente, secas, con esa cadencia corta y característica que consigue el tirador experimentado. Aturdido, reacciono y salgo de la tienda; a escasos 500 m de nuestro Campo Base se encuentra una de las últimas bases que el ejército paquistaní tiene establecidas en el Baltoro superior y de ahí provienen los disparos. Recuerdo que más arriba, en el collado que contemplamos desde nuestro Base, y al que tenemos prohibido el acceso todas las expediciones, entre el Baltoro Kangri y el Sia Kangri, se encuentra el último de los campamentos militares paquistaníes; y que desde allí en 1996 oíamos esporádicamente disparos. Sin embargo en esta ocasión los disparos son más cercanos, no tienen ese carácter intimidatorio que reconocíamos hace diez años en las alturas, no están diciendo a sus adversarios indios del otro lado que hay alguien allí, a 6000 metros de altura ocupando una zona de terreno en el que la vida humana es imposible permanentemente.

No, en esta ocasión suenan distinto; me vienen a la memoria los numerosos vuelos de helicóptero que hemos contemplado en estos días de buen tiempo e imagino que el abastecimiento realizado al campamento militar han tenido como consecuencia estas prácticas programadas de tiro. En esta tarde tranquila, soleada y apacible que nos regala el Karakorum paquistaní, vuelven a sonar otra vez ráfagas de fusil ametrallador e intento imaginar la vida en esta parte inhóspita del mundo en los rigores del invierno. Y es que aunque parezca mentira, estos campamentos están permanentemente ocupados durante todo el año, con unas condiciones de vida inimaginables; teniéndose que turnar, durante los tres meses que dura la misión de cada unidad, por periodos de 15 días en cada destacamento de los que durante nuestro trekking hemos tenido ocasión de contemplar; de manera que la ocupación ascendente de cada campamento sea progresiva para evitar el mal de altura. Por la noche, mientras en nuestra tienda comedor leemos nuestros correos y los comentarios de ánimo que se van colgando en la web de la expedición, escucho fuera los alegres comentarios de los oficiales de enlace, que mientras cenan reunidos, tal vez estarán comentando jocosos el campeonato de tiro que con AK-47 han celebrado en esta tarde distinta y de agotamiento para nosotros...’

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