La Delegación del Gobierno ofrecen al ciudadano su documentación sobre la guerra civil y la posguerra

 

 

En las fechas en que se recuerda el 70 aniversario de la contienda que dividió España y el año que, por mandato del Congreso, ha sido designado como el Año de la Memoria Histórica, la Delegación de Gobierno en Aragón abre sus archivos al ciudadano para ofrecerle toda la documentación que incluye sobre estos asuntos.

 

Durante meses, el profesor de Historia de la Universidad de Zaragoza, Alberto Sabio, ha estudiado y analizado la información que contienen los archivos de las tres subdelegaciones de las provincias aragonesas. Documentación abundante y valiosa que destaca en lo que se refiere al Valle de los Caídos y cuestiones cotidianas que sirven para trazar un dibujo exacto de la vida de aquellos años en Aragón.

 

Por todo ello, la Delegación de Gobierno pone a disposición del ciudadano toda la información que requiera. Para conseguirla, las personas interesadas sólo tendrán que acercarse a la sede de este organismo para rellenar un formulario y reflejar su petición.

 

Sobre el Valle de los Caídos, uno de los reclamos más sobresalientes para muchas víctimas por lo simbólico del lugar, el archivo de la Delegación incluye documentos acreditativos de los restos de fallecidos depositados. En total se trata de dieciséis cajas de documentación que también ahora se abren al ciudadano.

 

El objetivo de la Delegación de Gobierno con esta apertura se enmarca en la filosofía que el Gobierno de España quiere transmitir con su proyecto de Ley de la Memoria Histórica que próximamente será aprobado en consejo de Ministros y que incluye, entre otras cosas, la apertura de los archivos al ciudadano. “Una ley que –como señaló el presidente Rodríguez Zapatero- debe ser entendida como un acto de normalidad democrática porque lo anormal sería no acoger en democracia a quienes sufren por defenderla”. “Recordar –ha subrayado el delegado de Gobierno hoy, Javier Fernández- puede servirnos para no repetir y no dejarnos manipular”.

 

Además de lo relativo a los restos de víctimas, los archivos de la Delegación incluyen interesante documentación sobre cuestiones del día a día en Aragón en aquella época. Cuestiones cuyo conocimiento pueden servirnos como ha señalado el profesor Sabio “no tanto para recordar o conmemorar una guerra sino para comprobar el compromiso de muchos aragoneses con el progreso y las libertades ya en aquellos años”.

 

Así pueden encontrarse, por ejemplo, los inventarios de los bienes de los Ayuntamientos desde la posguerra hasta los años 60 referidos a todos los pueblos de la provincia de Zaragoza o el reflejo por escrito de circunstancias de aquel entonces como los altercados que se producían en las carnicerías donde se intercambiaban los productos por bonos de Falange, o los problemas de vivienda que ya existían en 1937 en la capital, las quejas por el uso del catalán en el café Ambos Mundos, las denuncias por no descubrirse al tocar el himno y un sinfín de batallas diarias acreditadas en miles de documentos que configuran a retazos la vida de aquella época en las tres provincias aragonesas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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