Diario de una expedición, Mayencos ya está en el Campo III del GII

Los expedicionarios de Mayencos al Gasherbrum, siguen ascendiendo y ya se encuentran en el Campo III, como siempre a través de internet relatan sus últimas vivencias,y esta es su última crónica.

“Los últimos metros antes de alcanzar el Campo III se nos hacen largos, muy largos. Mentalmente elijo el estribillo de alguna canción conocida y la repito una y otra vez: “…bucearon contra el Everest y se ahogaron…” No deja de ser una paradoja, que se convierte en un sutil intento de escapar a la realidad y a ese aire leve al que intentamos extraer la última gota de oxígeno. Por fin, tras sacar el jumar de la cuerda fija, unos pasos vacilantes nos conducen al emplazamiento del Campo III, ese campo que puede ser la clave del éxito si el tiempo nos acompaña. Sin embargo nuestra llegada es desalentadora; los únicos que encontramos son dos montañeros de una expedición comercial que han visto, como en la canción, ahogadas sus ilusiones. Nos damos cuenta que sólo hay una tienda en condiciones; lo que queda de este campo son tiendas desgarradas, otras enterradas, cartuchos de gas y comida esparcidos por la nieve, restos de material que el viento ha diseminado por todas partes.

A esta altura, el tiempo y nuestros movimientos fluyen despacio, pero pronto, tras un breve descanso, comenzamos a colocar una de las tiendas que llevamos. Arrancamos a la ladera una exigua plataforma y nos esmeramos en fijar la tienda lo más concienzudamente posible con bolsas de nieve enterradas y estacas, mientras por un rabillo del ojo echamos rápidas miradas hacia esa cumbre que adivinamos cercana pero que las nubes no nos dejan ver. Por el otro, de vez en cuando, vislumbramos entre jirones de niebla ese Campo Base que, dos mil metros más abajo, nos parece ahora muy lejano. A ese Campo Base habíamos llegado hace escasamente 11 días y del mismo, el día 12 de julio, partía uno de los miembros de la expedición afectado por problemas de salud. Con José Mari Castán, se marchaban una vitalidad contagiosa y un espíritu de trabajo en equipo envidiable, pero como siempre estas grandes montañas han impuesto su ley inexorablemente. El mismo día de su partida, por esos azares del destino, coincidiría con un cambio de tiempo, que nos mantendría anclados en el Campo Base hasta el día 17.

Serán la sensible mejoría del tiempo a partir de ese día y el ansia de la inactividad, las que nos lanzarán a toda la expedición a intentar llegar lo más alto posible que la aclimatación y el tiempo nos permitan. Por eso, el hecho de haber podido montar el Campo III nos hacen de momento sentirnos muy satisfechos, aunque nos haya obligado a trabajar por delante de las numerosas expediciones que asolan el GII en este año de su cincuenta aniversario. Por el contrario este hecho nos ha permitido elegir la ubicación de nuestras tiendas en los superpoblados campos que nos hemos encontrado a la bajada. Hasta 60 tiendas hemos contado con asombro en el Campo I y probablemente más de 30 en el Campo II. Masificación que contrasta con un altivo, majestuoso y desafiante vecino GI, al que por el momento ninguna expedición ha encaminado sus pasos.

Cuando tras montar el campo III comenzamos nuestro descenso, una última mirada de esperanza circula entre nosotros. Ahora es tiempo de descansar, de recuperar fuerzas y de cruzar los dedos esperando esa ventana de buen tiempo que nos permita intentar esa cumbre del GII que ya vemos más cercana”.

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