Carlos Pauner desiste del Broad Peak

Una vez que no ha podido hollar la cumbre del Broad Peak la cordadad aragonesa se prepara para G-II también en el Karakorum. Así lo explica el propio Carlos Pauner :”Nada, está claro que el Broad Peak ha decidido que no ponga mis pies sobre su cima. Parece que no hay nada que se pueda hacer para escalar esta montaña".

"En el anterior ataque, aguantamos casi 4 días a 7.000 m de altura, barridos por el vendaval, intentando hacer lo imposible por salir hacia arriba. Al final, el cansancio acumulado nos obligó a retirarnos. Dada la precariedad del buen tiempo, decidí lanzar un ataque rápido, aprovechando un pequeño espacio de buen tiempo relativo. Así, a las 5 de la mañana del miércoles 26, salí en compañía de Raul hacia el campo 3, el cual alcanzamos 14 horas después en una larga jornada con más de 2.000 m de desnivel. Muy cansados, nos acostamos 5 horas y a las 2 de la mañana salí en solitario hacia la cumbre.

Raul no había descansado bien, ni se había recuperado de la paliza del día anterior, así que decidió no salir. Envuelto en la más completa oscuridad, fui subiendo metros y metros, avanzando rápidamente, soñando con que en esta ocasión si que iba a ser posible llegar a lo más alto. A las diez de la mañana había conseguido llegar al collado, situado a 7.800 m. Ya podía ver la cima, que si bien no cercana, por lo menos se mostraba asequible. Repentinamente, al viento comenzó a soplar con fuerza. Al principio no le di importancia, porque a esa cota es normal que haya algo de viento. Pero poco a poco se fue incrementando su intensidad, las nubes se fueron cerrando sobre la montaña y se desató una tormenta en toda regla. Aguanté acurrucado en el collado, con la esperanza de que todo pasara, pero no fue así.

La temperatura se desplomó hacia el infierno, el viento comenzó a helarme, la visibilidad nula. Estaba claro que no podía hacer otra cosa que renunciar. Así poco a poco, comencé a bajar, envuelto en nieve, con la esperanza de poder encontrar el campo 3 en medio de la nada. Una vez ahí, decidí seguir hasta el base, al que llegue de noche. Todo había acabado, estaba bien y eso, dada la situación, era lo importante. Más de 42 horas de actividad sin descanso, recorriendo toda la montaña, para al final, no tener ningún resultado. Estoy defradudado, pero tranquilo. Creo que he peleado con valentía, que me he vaciado en esta montaña, que no me han dolido prendas en darlo todo. Al final, como siempre, la montaña ha dicho la última palabra. No ha podido ser en esta ocasión. Ahora hay que recuperarse del varapalo sufrido. Volver a sentirse vivo, volver a poder seguir soñando. No es fácil, pero habrá que continuar en este hermoso y difícil camino.”

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