Duro descenso de los montañeros de Peña Guara del Latok III tras alcanzar la cima

Los montañeros Óscar Pérez y Álvaro Novellón se encuentran en el campo base del Latok III, montaña en la que consiguieron llegar a la cima de 6.949 metros de altitud hace tres días como los propios escaladores confirmaron el jueves. Tras un pequeño descanso, han remitido un comunicado a la sede de Peña Guara donde explican detalladamente el desarrollo de la expedición y los pormenores de la ascensión.

“Un solomillo por favor”

“Ya estamos de vuelta en el campo base, después de haber coronado el Latok lll. Llegamos ayer por la tarde, bastante "tocaos", después de siete días en la montaña. Salimos el día 21 de madrugada y en siete horas llegamos al collado de 5300m, las condiciones de la nieve eran buenas y no nos costó demasiado. Además conocíamos el camino y teníamos parte del material allí. El día 22 comenzamos la escalada de la larga arista bastante temprano. Los primeros largos no ofrecieron grandes dificultades y progresamos rápido, tramos de nieve y hielo, mezclados con roca, se sucedieron a buen ritmo, lo cual hizo que al mediodía lleváramos escalado lo que pensábamos nos iba a costar todo el día. Así que decidimos seguir, ahora la escalada se torno más vertical y técnica, en la parte que denominamos primer escalón”.

En su relato indican que “la tarde pasó rápidamente a medida que íbamos dejando metros atrás. El cielo se oscureció y no habíamos encontrado ningún lugar cómodo para dormir, tuvimos que tallar una estrecha repisa en una pala de nieve que resulto incomoda. Como estábamos tan cansaos y acabamos tarde nos metimos al saco sin cenar a intentar pasar lo que quedaba de noche lo mejor posible. Amanecimos el día 23 bastante tarde. El día anterior había sido muy duro y nos negamos a salir del saco hasta que no nos dio bien el sol”.

“Después de derretir agua, comernos lo que no habíamos cenado el día anterior... entre unas cosas y otras no pudimos arrancar hasta las diez de la mañana. El siguiente escalón se veía bastante más difícil y técnico, pero más corto, confiábamos en poder hacerlo en el día y encontrar un lugar más cómodo que el de la pasada noche para poder descansar en condiciones. Como habíamos avanzado tan rápido el día anterior, decidimos dejar en el vivac comida que no íbamos a necesitar, gas y algo de material de escalda para poder subir más ligeros y recogerlo todo a nuestra bajada”.

La situación se fue complicando como indican los montañeros. “La escalada se empezó a complicar. Tuvimos que echar mano a todo tipo de recursos para poder ir lo más rápido posible. Escalada vertical que combinaba artificial con salidas en libre, normalmente con crampones y piolets, fisuras llenas de hielo que nos obligaban a picar para limpiarlas y poder colocar protecciones, péndulos, todo vale para avanzar el mayor numero de metros posibles. Al final el muro empieza a tumbar y vuelven a aparecer las placas de nieve. Nos pilla la noche llegando a un minicollado con vistas al glaciar que parecía un buen sitio para dormir. Empezamos a picar una repisa ya de noche, la tienda que llevamos es bastante pequeña, pero aun así no conseguimos hacer la repisa lo suficientemente grande como para poder ponerla y meternos los dos en ella. Cuando picamos la nieve enseguida se convierte en hielo y nos lo complica todo. Al final dormimos los dos de mala manera dentro de la tienda, atados con los arneses para no irnos rampa abajo, y lo único que conseguimos es pasar otra mala noche y romper la tienda. Para colmo nuestra cena se baso en medio litro de agua con isostar que Oscar vomito al instante”.

 

“Nos levantamos a las seis con moral, pero el físico demacrao. Conseguimos desayunar lo que no habíamos cenado para ver si nos vuelven las fuerzas. Hace buen tiempo y estamos a unos 6500m así que decidimos aligerar las mochilas a tope y realizar un ataque a cumbre con lo justo. Escalamos tres largos más de roca y mixto que nos cuestan una barbaridad, debido a la altura y a nuestra debilidad, para llegar a una campa  desde donde vemos la larga y empinada rampa de nieve que lleva a la cima. Unas tres horas de penoso avance nos llevan a los 6949 m de esta montaña, tras 2500m de desnivel desde su base. Somos conscientes de que solo hemos realizado la mitad de la actividad, así que no perdemos tiempo y tras las fotos de rigor emprendemos el descenso. Estamos muy cansaos y extremamos las precauciones destrepando despacio, los dos rápeles para llegar al vivac nos cuestan una eternidad. Al llegar apañamos otra repisa para intentar dormir mejor y al saco, hoy tampoco somos capaces de cenar”.

 

“Día 25. Amanece muy buen día, por suerte el tiempo nos esta acompañando durante toda la ascensión, pero no somos personas. Otra vez nos tenemos que desayunar los liofilizados que nos deberíamos haber cenado la noche anterior. Estamos bastante fastidiados, así que hacemos recuento de comida y decidimos pasar todo el día descansando, cada uno en su repisa particular, para descender al día siguiente en mejores condiciones y poder hacerlo de forma más segura. Pasamos el día durmiendo y comiendo lo que podemos, al final solo nos queda papilla. Día 26. Comienza el descenso. Seguimos bastante cansados y nos cuesta arrancar, pero por fin empezamos a rapelar los más de mil metros de desnivel que tenemos hasta el hombro. El material abandonado por la expedición japonesa que abrió la ruta nos facilita las cosas”.

La aventura continuaba: “reaseguramos las reuniones y ponemos el máximo cuidado en todos los rápeles. Aún así se hace bastante duro y en muchas ocasiones las cuerdas nos complican las cosas enganchándose y congelándose. El ultimo tramo es el más complicado, al ser terreno más tumbado las cuerdas no dejan de fastidiarnos y tenemos que tener cuidado con las piedras al recuperarlas. Por fin llegamos al Hombro y la sospecha que albergábamos durante toda la bajada se hizo realidad. La tienda que habíamos dejado con comida y gas para la bajada había desaparecido. El calor de los días pasados la desancló del suelo y el viento se encargó del resto. Por suerte tenemos la comida que habíamos abandonado durante la subida a pie del segundo muro. Uno duerme dentro de una tienda medio rota y el otro fuera, por fin una noche en un sitio medio cómodo, descansando para al día siguiente hacer lo que queda de bajada hasta el campo base, una bajada bastante más fácil que la de hoy, o no....”.

“El primer corredor de bajada al glaciar se ha convertido en un barranco muy peligroso, como cambia el terreno con el calor!! Destrepamos y realizamos algún rapel, encontramos la tienda perdida destrozada y bajo una capa de hielo. Cuando intentamos rescatarla, todo lo que había dentro sale disparado corredor abajo, es el colmo. Pasamos la mañana recogiendo las cosas, muchas de ellas ya solo son basura, nos lleva bastante esfuerzo, pero no queremos dejar rastro de nuestro paso por la montaña de esta forma. Continuamos el cansino descenso más cargados todavía y es que las piernas ya no pueden con los 25 kg de nuestras mochilas. Nos tambaleamos glaciar abajo hasta que vemos dos figuras acercándose hacia nosotros, son Fidah y C.U. (oficial de enlace y cocinero), nos dan un fuerte abrazo y un ramo de flores. Inmediatamente nos quitan las mochilas e insisten en llevarlas, en cualquier otra ocasión nos habríamos negado, pero ahora no tenemos fuerzas para decir que no. Así que el resto del camino lo realizamos tras de ellos, con un ramo de flores en la mano y tropezando por las piedras del glaciar, como dos nenitas”.

 

Conclusiones: “Ha sido una muy buena ascensión, rápida y en muy buen estilo, sin ayuda exterior y sin dejar rastro de nuestro paso por la montaña; pero un descenso penoso, muy sufrido y que nos ha dejado K.O. para unos cuantos días. Pasados un tiempo cuando estemos recuperados y veamos las ganas que nos quedan, decidiremos que hacer con los días que nos queda por estos valles”, así concluye el relato de la ascensión al Latok III.

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