Vilalta y Martínez se recuperan en casa de su aventura en el Broad Peak

Desde el pasado domingo, José Vilalta y Raúl Martínez, miembros de la expedición aragonesa al Broad Peak y G II, se encuentran ya en Monzón. Los dos montañeros han regresado habiendo cumplido dos de los tres objetivos con los que partieron hacia Pakistán: volver todos y volver amigos. El tercero, volver con la cumbre, se lo ha impedido la montaña.

Un cúmulo de circunstancias ha impedido que la expedición aragonesa formada por José Vilalta, Raúl Martínez, Carlos Pauner, Fran Lorente, Javier Abad e Isabel Santolaria, hiciera cima en el Broad Peak tras varios intentos. “Es un círculo vicioso” ha dicho Martínez, en el que la meteorología incide en el aspecto de la montaña y, éste en la táctica de ataque que, a su vez, depende del tiempo. Todo ello ha decantado la balanza del resultado hacia el lado negativo porque, en esta ocasión, “ha sido la montaña la que ha establecido las condiciones del juego”.

El día a día de esta expedición, una vez planteada la llegada al campo base, pasa por la semana de aproximación, la de aclimatación en la que, los expedicionarios, disfrutaron de un tiempo excelente y la semana de descanso para intentar el ataque a cumbre en la que ya entró el mal tiempo. Si todo hubiera seguido un curso normal, se hubiera alcanzado la cima del Broad Peak dentro de las fechas previstas, pero las dos semanas de tiempo inestable, obligaron a los montañeros a darse la vuelta, hacer nuevos planteamientos e incluso un intento “a la desesperada” de Pauner y Martínez, tras el cual, decidieron regresar a casa.

En esta ocasión, tomar la decisión de “abandonar” no fue complicado porque según Vilalta “se veía muy claro que la montaña tenía la sartén por el mango”. Las dos semanas de mal tiempo fueron un “mazazo psicológico” que, aunque transcurrieron en buena parte en la tienda comedor del campo base, continuaron provocando desgaste físico por la altura en los montañeros.

La nota negativa de la expedición fue el episodio que, a José Vilalta, casi le costó la oreja y algo más. El montisonense recuerda que bajando hacia el campo base se hundió un puente de nieve y cayó veintidós metros por una grieta en la que quedó encajado, hasta que, otros montañeros se dieron cuenta del accidente y acudieron en su ayuda. A ellos, dice Vilalta, “les debo la vida”.

Recién llegados de Pakistán, ambos se encuentran en la fase de “no querer saber nada de la montaña durante mucho tiempo” más cuando les ha mostrado la cara amarga. Ambos piensan en tomarse un respiro para realizar otro tipo de actividades, en el caso de Raúl, tras cinco veranos seguidos de expedición.

De momento, todavía les queda el período post-expedición, dos meses aproximadamente, para cerrar esta aventura con los patrocinadores, preparar algún audiovisual y quien sabe si para pensar en la aventura del próximo verano.

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