El oro que parece plata

Lorenzo Río

Creo que ha sido un comentario más que generalizado y no puedo hacer menos que recogerlo también en este espacio, y es que lo comparto completamente. Desde este domingo, España es de oro. Hablo del baloncesto, por supuesto. Nuestra selección española ha hecho historia en el deporte español y sin embargo, con grandes ecos en los medios de comunicación, eso sí, este gran triunfo sabe a menos. No porque sea poco lo conseguido, que es muchísimo, sino porque uno se pregunta ahora qué hubiese pasado si esa victoria, ese título mundial, CAMPEONES DEL MUNDO con mayúsculas, hubiese llegado del que se conoce como el deporte rey, el fútbol...

Yo imagino la estampa: España, 14´30 horas, domingo 3 de septiembre, la Selección española de fútbol se acaba de proclamar camepona del mundo en el Mundial de Fútbol. Inmediatamente gritos de euforia que llegan desde todos los puntos, multitud de coches con banderas nacionales que lanzan al viento sus vocinas para recalcar el triunfo, y por supuesto, con el buen tiempo, el chapuzón en la fuente más céntrica de la ciudad y la posterior juerga hasta que el sol se oculte y después vuelva a salir. El país se ha paralizado por unas horas. Así imagino cómo hubiese sido esa victoria si el deporte hubiese sido el fútbol.

Ahora cuento cómo fue la estampa real del pasado domingo: España, 14´30 horas, domingo 3 de septiembre, la Selección española de baloncesto se acaba de proclamar campeona del mundo en el Mundial de Baloncesto. Ni gritos, ni euforia, ni nada de nada; sólo una emoción contenida sabedores de lo que ese equipo acababa de conseguir. Por no mentir, sólo un coche se cruzó en mi camino de vuelta a casa con bandera española y pitido al canto; pero de lo demás, del chapuzón en la fuente o la juerga posterior... nada de nada. Qué diferencia, ¿verdad? Por eso digo que éste ha sido un oro que parece plata.

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