La pasada de los pasos

Luis Laiglesia

Del todo a la nada, de un extremo a otro. Así se actúa en muchas ocasiones en el Ayuntamiento de Huesca en materia de seguridad ciudadana.

No teníamos rádar y no nos conformamos con el que nos prestaba la DGT que tuvimos que comprar uno para la ciudad. Como si no hubiera necesidades más perentorias.

Ahora no teníamos pasos elevados, que los hemos hecho los más grandes de España. Bien altos, para que se noten, vamos.

Los comentarios son de todo tipo por parte de los conductores, aunque los talleres deben estar frotándose las manos. Yo que ellos nutriría el almacén de amortiguadores, porque van a reventar unos cuantos.

Me cuentan los aseguradores que tienen ya las cartas escritas para presentar las oportunas demandas al Ayuntamiento cuando lleguen, que van a llegar, sus asegurados con los faldones del vehículo en la mano, o con el tubo de escape agujereado a causa de los dichosos pasos.

Bromas aparte, que hay que colocar este tipo de elementos parece lógico, pero con mesura y no queriendo batir un record de altura. Existen pasos muy efectivos en otras ciudades y no suponen un muro en medio de la calzada como los de Huesca.

Luego, si tan preocupado está alguno con lo de la seguridad, que comience por pintar los nuevos pasos de rojo, como se hace siempre, para avisar de su existencia. Si no que se lo pregunten a algún concejal que a punto estuvo de dejarse los dientes hace unos días cuando transitaba por la Avenida de los Danzantes.

Hace algunos meses firmé un comentario sobre el rádar como “La Fateza del Rádar”, alguien se molestó. Hoy estamos ante “La Fateza de los Pasos Elevados”, aunque para que no se moleste titulo La Pasada de los Pasos. Aunque ya está bien de fatezas.

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