Dos alas para volar (fe y razón)

Dos alas para volar (fe y razón)

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.

Han sido muchos los comentarios y reacciones que en estos días hemos visto en torno al célebre discurso de Benedicto XVI en Ratisbona. El Papa tan sólo ha dicho lo que cualquier persona de bien, sensata, amante de la libertad y la verdad puede decir: que la religión y la violencia no pueden ir unidas, pero sí la religión y la razón.

Es la conocida posición de la Iglesia que quedó clara en la Encíclica Fides et Ratio del Papa Juan Pablo II (1998): «La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad sobre sí mismo». La fe y la razón no son contrarias, sino complementarias: cuando la fe se hace crédula convirtiéndose en irracional, o cuando la razón se ensoberbece cerrándose al misterio, entonces puede darse pie a cualquier forma de violencia en nombre de una falsa fe, haciendo nada menos que de Dios el cómplice para todo tipo de barbarie, o haciendo de nuestra ideología de la raza o de la nación, el pretexto para cualquier totalitarismo político, económico o cultural. Ejemplos sobran.

El Papa no ha pedido excusas por las palabras que pronunció en Ratisbona, porque ni quiso ofender ni constituyeron una ofensa. Lo único que cabía hacer, y es lo que él ha hecho, era explicar con paciencia, con sencillez y con sabiduría -una vez más- qué quiso decir: "el tema de mi conferencia fue la relación entre fe y razón; quería invitar al diálogo de la fe cristiana con el mundo moderno y al diálogo de todas las culturas y religiones... un diálogo positivo, incluso autocrítico, tanto entre las religiones como entre la razón moderna y la fe de los cristianos" (Audiencia General, 20 setp.2006).

La altura moral del Santo Padre, su hondura intelectual y su compromiso con la paz y la verdad, con Dios y con la humanidad, hacen todavía más incomprensible la tibia o incluso la torpe reacción que hemos podido comprobar en tantos hombres de la política o de la cultura occidental. Pareciera que es una batalla privada del Papa, o de los cristianos, hasta el punto de haberle dado consejos al Pontífice, sin dejar de añadir con irrecusable cinismo alguna cita evangélica, cuando no incluso una regañina retórica por los paladines de la nada. No es tan sencillo comprender la equidistancia malabarista, y menos aún la bronca hostil que se le ha brindado al Santo Padre por parte de quienes suelen abanderar y hasta financiar de mil modos, las causas más pintorescas, titiriteras y oportunistas.

Con el sector más beligerante del islam extremista no se puede dialogar -como con ningún grupo terrorista-, y menos todavía pactar. Hay alianzas imposibles de civilizaciones heterogéneas, en las que en el mejor de los casos sólo cabe la paridad del mutuo respeto, pero nada más. El Papa no ha corrido a pedir disculpas como si estuviéramos acomplejados, así como tampoco ha jugado a provocar con arrogancia. Sencillamente nos ha invitado a volar con esas dos alas, la fe y la razón; volar por encima de nuestros errores pasados o de nuestras mezquindades presentes. Sólo en la altura de miras, podemos respetarnos y hasta reconocer lo que nos une parcialmente para construir desde ahí lo que el único Dios ha querido confiar a nuestras manos en este tramo de la historia.

Recibid mi abrazo y mi bendición.

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca

Domingo, 30.09.2006

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