Cartas al Director: Feria Internacional de Teatro y Danza. Huesca 2006

Alfredo Claver

En la página web de la Feria podemos leer, entre otras “declaraciones de principios”, lo siguiente:

“La Feria debe apostar claramente por el valor del teatro como transmisor de ideas a través de la expresión artística.”

“La Feria como plataforma de promoción del teatro y la danza buscará en todo momento las mejores formulas de apoyo y promoción de las propuestas aragonesas.”

“Una feria realizada con fondos públicos, no debe tener por tanto un carácter meramente comercial, debe apoyar el esfuerzo heroico de algunas compañías y programaciones por propiciar la calidad y el riesgo. “

Y añade: “Huir de un teatro ligero y fácilmente digerible que, aunque asegura taquilla, nada aporta a la experimentación artística ni pretende arrastrar al ciudadano en esa misma inquietud de progresar culturalmente.”

“La feria no ha de ser, por tanto, un fin en sí mismo, sino un instrumento que ofrezca oportunidades para la distribución y el consumo teatral y que contenga, como punto de partida, la intención de contribuir a la formación de un público cada vez más amplio y exigente, que es la responsabilidad de las administraciones públicas en el ámbito de la gestión cultural.”

Según lo anteriormente expuesto y, a fuer de que se me arguya que es sacar de contexto algo que no quiere decir lo que digo, es que dice lo que dice y que yo interpreto como que los programadores de la Feria creen, sí, en el “valor del teatro como transmisor de ideas”, pero que se debe “huir de ese teatro ligero y fácilmente digerible” que prácticamente sólo asegura taquilla y “no contribuye al progreso cultural del ciudadano” (responsabilidad de las administraciones públicas en el ámbito de la gestión cultural).

¡Y olé!... Y se quedan tan anchos… Luego viene la programación de las distintas propuestas elegidas entre las mil y una que se habrán presentado, sobre las que no me voy a definir puesto que una gran mayoría no las conozco y de algunas ni siquiera he oído hablar (¡perdón por mi analfabetismo en el terreno experimental del teatro o de la danza o del espectáculo, en general!), incluso me atrevería a decir que no me iban a gustar so pena de que se me tache otra vez de inculto o de inmovilista cultural: yo soy de los que me resisto a “progresar culturalmente” si, por ello, he de huir de ese teatro “ligero y fácilmente digerible” que me encanta ver y con el que me siento partícipe porque me dice cosas que entroncan con mi yo-persona, ciudadano y residente en, nacido en, que estudió en y que trabaja en, jubilado, soltero, casado, heterosexual, homosexual… religioso, ateo, agnóstico, político, anarquista, de derechas, de izquierdas, emigrante, inmigrante…que es fiel, infiel, enamorado, despreciado…

Y me niego también a compartir la idea de que “la responsabilidad de las administraciones públicas en el ámbito de la gestión cultural sea el de apoyar el esfuerzo heroico de algunas compañías y programaciones por propiciar la calidad y el riesgo”, si es que esta calidad y este riesgo se basan únicamente en presentar espectáculos tan innovadores (aunque posiblemente muy buenos y artísticamente muy bien resueltos) que no llegan al gran público, al personal de a pie, al que va a los espectáculos a divertirse, fundamentalmente, y si encima se lleva a casa un trozo de cultura (¿qué es la cultura?) pues miel sobre hojuelas… Que siempre quedará algo de “culturizante” si el espectáculo es digno, bien presentado y bien interpretado, porque será, así, bien “digerido” y, por tanto, calará y engrosará el acervo “cultural” de esa persona que forma parte del gran conjunto de público-pueblo sobre el que realmente y prioritariamente se ha de ocupar toda “administración pública”.

A partir de esto, ¿cuándo una Feria de teatro de Huesca buscará de verdad “un apoyo y promoción a las propuestas aragonesas”? ¿Cuándo se hará un reconocimiento a todos esos grupos que, sin ánimo del más mínimo lucro, con absoluto y completo amateurismo, llevan la cultura teatral en todas sus modalidades por esos pueblos de Dios, actuando en plazas, sobre escenarios-galeras, a ras de suelo –en intimidad y aproximación al público- , con un público de lo más heterogéneo (hombres y mujeres jóvenes y viejos, adolescentes, niños y bebés, ricos, menos ricos, obreros, funcionarios, labradores, oficinistas…) Que sí que serían acreedores al premio a la “Acción más efectiva en la creación de público”, porque son los que de verdad “crean público”, ese público que, sin la acción de estos grupos, jamás vería un espectáculo de esas características en su pueblo y, naturalmente, es la única manera que tienen y que estos grupos de aficionados les brinda para “progresar culturalmente”.

Y aquí, llegados a este punto de los grupos aficionados que han hecho, están haciendo y continuarán haciendo cultura por el medio rural tan olvidado y a veces, incluso, preterido por las Instituciones públicas a favor de esa pretendida cultura progresista para públicos en progreso, tengo que referirme, como ejemplo afortunadamente no único, aunque sí especial, al TEATRO DE ROBRES, que precisamente este año está celebrando su mayoría de edad: “18 años llevando cultura al mundo rural; 18 años al servicio de los pueblos de Aragón..” Y es que el Teatro de Robres no es una persona sólo, ese Luis Casáus que lo instituyó y que sigue siendo alma mater y director, no es el elenco de actrices y actores, de técnicos, de colaboradores… el Teatro de Robres es todo un pueblo que ha sacado de las estepas monegrinas el genio suficiente para trasladarse hacia otros pueblos y decirles: aquí estamos y esto es lo que sabemos hacer, lo que nos gusta hacer y os lo brindamos.

Antes de que nadie muestre ningún rictus de escepticismo en la comisura de los labios porque “¿sabes quién escribe esto?, claro, qué va a decir él…”; pues sí, en efecto, yo pertenezco a ese grupo del Teatro de Robres, uno más, de los últimos en llegar…y, precisamente por ello, puedo hablar con conocimiento de causa, porque he vivido, vivo, con ellos; porque he comprobado en persona los éxitos (muchos, siendo objetivo, muchísimos, siendo subjetivo), y los fracasos (casi ninguno siendo objetivo-subjetivo), los sacrificios, las alegrías, las tristezas, los “¡no puedo más!”, los “¡adelante!”… Las zancadillas que se han puesto o se han intentado poner hasta desde instancias oficiales (“A esos del teatro de Robres te les echas a la yugular” –llegaron a decirle a alguien desde la SGA-)…

Entre el 31 de julio de 2004 hasta el 13 de agosto de 2006 han sido 100 bolos 100 con una sola obra –“El florido pensil”- en otras tantas localidades de Aragón con una media de 1200 habitantes (10 de menos de 100, 28 ente 100 y 500 habitantes). Pero es que, además, se han hecho más de 50 representaciones con “Criaturas” por otros tantos –a veces repetidos- pequeños núcleos rurales. Y “El Nazareno”, “Hay que deshacer la casa”, “Leticia”, “Algún día trabajaremos juntas” y la nueva producción de “La casa de Bernarda Alba” representada en agosto en el marco incomparable del Monasterio de Magallón…

¿Quién da más? Podemos hablar de los premios conseguidos –Villacañas, Rivas-Vaciamadrid, Tamarite de Litera, Herrera (Sevilla)…- Esto es lo que hay, esto es lo objetivo, lo demostrable y lo demostrado…

¿Habrá alguna vez en algún Festival o Concurso teatral en Huesca que se haga homenaje a estas compañías-grupos que sí, que de verdad “contribuyen a la formación de un público cada vez más exigente de cultura”, aunque sea “ligera y fácilmente digerible”?

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