Cartas al Director: Carreteras Penosas

Andrés Adiego

En los primeros días de octubre hemos recibido la visita de una matrimonio amigo residente en Extremadura. Tanto mi mujer como yo compartimos con ellos, entre otras aficiones, la de la montaña. Ellos no conocían nada de nuestro Pirineo, pero tenían de él excelentes referencias, por lo que era obligada una excursión el domingo, día 8.

Fuimos al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, visitando la Garganta de Escuaín y recorriendo en ella, la llamada Senda de los Miradores y el Dolmen de Tella. Mas tarde, el cañón de Añisclo, por la carretera, con un pequeño recorrido a pié por la zona de la ermita de San Urbez y el molino de Ansó.

Quedaron realmente impresionados por la belleza del paisaje, bosques, rios... hasta el punto de decirme que, a pesar de sus informes, la realidad había superado con creces sus expectativas y que sería para ellos “ un día inolvidable”. Les respondimos que habían visto una pequeña muestra, que seguro habría “ muchos más días inolvidables”.

Pudo haber sido perfecto, incluso el día fue radiante y apacible, el lunar fue la desagradable impresión que les causaron las carreteras tercermundistas y su lamentable estado, especialmente la de Escalona a Sarvisé por el Cañón de Añisclo y Fanlo. Podían entender y hasta veían con cierto encanto, su estrechez, pero el estado tan deteriorado del firme, la mala señalización y las escasas medidas de seguridad les resultaban incomprensibles para las vías de acceso a un Parque Nacional que debería ser el buque insignia del turismo altoaragonés que es frecuentado durante todo el año por miles de montañeros y turistas y sobre todo por los escasos, pero no menos importantes, habitantes de los pueblos cercanos, que no merecen sufrir estas penosas comunicaciones. Les tuvimos que decir que tenían razón, evidentemente, y sin proponérselo, nuestros amigos nos hicieron sentir una enorme vergüenza.

Este sentimiento de vergüenza, lo quiero trasladar a los responsables del hecho, que no desperdician ocasión para sacar pecho a la mínima oportunidad que se les presenta y que periódicamente nos llenan los oídos de bellas promesas y buenos propósitos.

Que se den una vuelta por los lugares citados o por los cercanos, que los ejemplos. Abundan, que vean, que recapaciten,... y sobre todo: ¡ que pongan manos a la obra!

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