Europa y la agonía de nuestros pueblos

Luis Laiglesia

Esta pasada semana hemos asistido al debate sobre si vivir en Huesca es más o menos caro que en otras ciudades. Debate del que parece haberse desprendido que cada vez el coste de la vida es más parecido al de grandes urbes, pero los sueldos siguen siendo los mismos, y a ello no está contribuyendo la cada vez mayor presión fiscal que el Ayuntamiento Oscense está aplicando a sus ciudadanos.

Pero en el debate nos hemos olvidado de que hay quien lo tiene peor: los habitantes de los pueblos, quienes se ven obligados a asumir unas cargas que en la ciudad no tenemos.

En pocos pueblos hay farmacia, médico, tienda…servicios básicos al fin y al cabo, servicios que los habitantes de muchos pueblos, la mayoría de la provincia de Huesca, si quieren disfrutar de ellos, tienen que desplazarse, generalmente en coche, a las cabeceras de comarca.

Eso todos los días, en todo momento. Una carga que en nada ayuda a asentar la población.

Vivir en Huesca puede ser cada vez más caro, pero vivir en un pueblo lo es todavía más y nadie parece que pueda ni quiera cambiar esta incontestable realidad.

Las proyecciones de los sociólogos y economistas hablan de una despoblación galopante que obligará a cerrar numerosos pueblos en el futuro. Mientras, se empeñan en Europa en hacernos creer que el incipiente turismo rural será la solución a este mal.

Los pueblos se sustentan sobre la agricultura y la ganadería, se diga lo que se diga. Europa, y España en connivencia, decidieron desmontar el sistema productivo primario, lo que supone desmontar la sociedad rural. Ahora llega el crujir de dientes: los pueblos agonizan mientras los estadistas europeos nos siguen diciendo qué tenemos y qué no tenemos que hacer. Increíble.

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