José Carlos Ciprián: Una historia en el Maratón de Nueva York

Ciprián

“No sé si New York es mejor o peor que otros lugares. Lo que sí es, es distinto. En menos de 20 horas vemos rodar al lado del hotel una ‘peli’ de Stallone, policías de 120 kilos por la calle y, así de repente, me encuentro charlando y rodando con el Campeón Olímpico y de Europa, Stefano Baldini, por Central Park. Nada, cosas que te suceden todos los días. Con su maratón, ocurre lo mismo”. Así comienza José Carlos Ciprián la historia que ha vivido en el Maratón de Nueva York en el que consiguió entrar entre los 60 primeros con una marca de 2:31:05, siendo el segundo español en pasar la línea de meta. Una aventura en la que también estuvieron Roberto Rasal y Josan Orús que cumplieron su objetivo en una de las pruebas de estas características más importantes y numerosas del mundo y en la que se dieron cita 38.000 atletas y donde los tres oscenses brillaron con su actuación.

José Carlos Ciprián disfruta todavía de unos días en Estados Unidos y desde allí ha remitido a Radio Huesca Digital su historia en lo que será un día difícil de olvidar para él.

“Me levanto tranquilo y bajo con Iñaki a desayunar a un Deli. Dos buenos yoghoures con cereales y barritas energéticas. Cogemos un taxi y enseguida nos plantamos en el hotel Hilton, de donde salen los buses que tenemos asignados por tener el dorsal sub-élite. Pasan por nuestro lado como si tal cosa el recordman mundial, Paul Tergat, otros 20 negritos de 50 kilos cada uno, Baldini de nuevo, y gente de la prensa. Nosotros, con unos ojos como platos, claro.

Arrancamos hacia la salida. El trayecto dura casi una hora, y es muy divertido. Vamos escoltados por la policía; para que entrar en detalles, es igual que en una película. Todo son caras afiladas con una medio sonrisa dibujada entre arrugas fruto del montón de horas de entrenamiento. Nos lo pasamos cañón, mirando de un lado para otro, haciendo fotos sin parar a un montón de lugares y de puentes con esa luz matinal. También charlamos, o nos intentamos hacer entender con la gente que tenemos en los asientos cercanos. Unos son de Rumanía, otros de Luxemburgo, otros de Irlanda, una Mexicana.

Ya vemos el puente de Verrazano, impresionante. De nuevo nos cuelan al montón de buses que llevan a miles y miles de atletas. El ambiente es festivo, enorme y carnavalesco, todo el mundo con su ropa deportiva y otra de abrigo para protegerse del frío en las 2 horas que restan para la salida. Vemos también el inicio de la prueba para discapacitados. Unos en sillas de ruedas profesionales, pero otros en otras normales, de las que vemos cualquier día por la calle. Un japonés corre con prótesis de titanio en lugar de piernas, otro la hace en muletas e incluso veo a un señor sin sus miembros inferiores que va en una especie de tabla poco más grande que un monopatín que impulsa con sus manos, enfundadas en gruesos guantes. Todo ello sí es afán de superación en mayúsculas.

En cambio, nosotros, somos unos privilegiados. Incluso tenemos una casa apartada donde no pasar frío, sentarnos, beber agua y bebidas isotónicas y charlar tranquilamente.

La hora se acerca rápidamente. Nos ponemos cremas y ungüentos varios, comprobamos que todo está listo para la carrera y calentamos por el exterior. De nuevo me junto con Baldini, que me reconoce del día anterior y me saluda con un "ciao!!!". Le deseo suerte y troto con él lo justo para que me hagan una foto.

Por fin nos llevan ordenadamente hacia el puente. La organización es perfecta, y ya estamos en primera fila de salida. A nuestra derecha, los profesionales unos metros atrás (ellos hacen una primera parte algo distinta), detrás un río de 37.000 locos, y delante, la rampa de Verrazano Bridge y más de 42 km nos esperan. La verdad es que impone, y más si piensas que eso lo están viendo millones de personas por el mundo. Se oye a lo lejos el himno de USA (como no), y nos dicen que en cuanto acabe, empieza la fiesta. Se oye un cañonazo y. allá vamos.

Salimos con 2 o 3 y de repente. vamos los primeros, jajajajajaja. Cogemos el ritmo poco a poco y cada uno se coloca en su lugar. Pronto, ya en la parte de bajada, nos adelantan los profesionales por un carril a la derecha. Me pego cuanto puedo a los mojones de cemento que nos separan de ellos, y comienzan a pasar, ligeros, ligeros, con esa facilidad aparente que despiden. Levanto los brazos y hago una especie de saludo. Si la cámara amplía un poco el plano igual hasta me veo por TV. Nada más hacerlo me imagino a mi familia y a mis amigos muertos de risa pensando que ahí estoy, como siempre, haciendo el payaso, jajajaja.

Ahora ya me concentro en carrera. Entramos en Brooklyn y se empieza a llenar todo de público que anima sin parar, y bandas de música en cualquier rincón. Todo el barrio es de casas bajas y calles amplias, muy distinto de Manhattan, desde luego. Algún tramo se estrecha y el griterío sube entonces. Aunque vas concentrado, de vez en cuando levantas el dedo pulgar hacia arriba, y aún chillan más. El ritmo es bueno, paso el 5.000 en 17'20'' y las piernas van a la perfección. De todos modos, empiezo a oír a mi estómago. No es dolor, pero es una molestia leve que está ahí y me dice que tenga cuidado, que me va acompañar un buen rato.

Bebo despacio y como con cuidado. A ratos voy solo, a ratos se me escapa algún atleta, y a ratos cojo a otros, siempre al ritmo que se me va bien. El 10.000 pasa en 34'45'', tal cual quiero, pero el estómago sigue ahí diciéndome que no me descuide. Es una faena, porque no me está acabando de dejar disfrutar como me gustaría hacerlo.

Pasamos ahora por la parte judía, con sus habitantes típicos con barbas, ropa negra y tirabuzones en el pelo. Parece que la carrera no va con ellos.Como contraste, niños en cualquier rincón han sacado sus mesas plegables y te ofrecen con sus manitas trozos de plátano o botellas de agua mientras miran ensimismados. Sólo puedo sonreír y chocarles la palma a los que se acercan.

Siguen pasando los kilómetros entre un ambiente sencillamente fenomenal, y casi sin darme cuenta, cruzando un pequeño puente con una maravillosa vista de Manhattan, llego a la media maratón: 1 hr 13' 28''. Bajo y sigo un poco por un terreno, igual que todo el anterior plagado de pequeños falsos llanos hacia arriba y hacia abajo, hasta comenzar por el carril inferior el puente de Queensboro, que nos llevará a Manhattan. Lo tomo con calma, porque la subida es larga. Cojo a un francés y a un luxemburgués y los dejo. Al fin corono y comienzo el descenso. Poco a poco se va oyendo un gran murmullo que crece y crece. Enseguida veo una curva cerrada que nos saca del puente, y miles y miles de personas gritando nos esperan para comenzar la primera Avenida. Es increíble, desbordante y ensordecedor, no sabes ni que pensar en ese momento. Levanto la vista, y, casi de milagro consigo ver a mis amigos. Una sonrisa me sale de oreja a oreja, me acerco a la acera, veo una pizarra donde me han puesto un ¡Go Cipri! y recojo casi al vuelo un bote que les había dejado. ¡Joder que ilusión!.

La primera avenida es muy ancha y sigue habiendo suaves desniveles. Aquí ya empiezo a estar preocupado, llevamos 26 km en el cuerpo y el estómago está ya empezando a molestar de verdad. Con todo, las piernas van muy bien y sigo remontando puestos, cojo a grupitos 2, 3 o 4 corredores, les aguanto el ritmo y al pasar el relevo me voy marchando poco a poco. ¡Venga, arriba! Paso el km 30, pero en este punto ya no estoy disfrutando, maldito estómago... Llega un punto pasado el km 32 en que puede él más que yo, y me da un pinchazo definitivo. Con todo el dolor de mi corazón tengo que entrar en una cabina de las muchas que hay puestas por la organización. Joder, doble nudo, quítate los guantes, deshazlo, mantén la calma, siéntate y deja que la naturaleza actúe a toda velocidad. Es una sensación muy extraña controlo el crono y he perdido 2 minutos. Muchos de los que leáis esto ya sabréis lo que cuesta bajar 2 minutos. no parece nada, pero a mi me han supuesto fines de semana corriendo mañana y tarde, rodajes de más de 30 km bajo la lluvia y dejar de hacer muchas otras cosas para ello. y ahora se han ido así de fácil.

Echo a correr y pienso que bueno, que aquí no venía a por marca y que es mucho mejor que disfrute lo que me queda. Al fin y al cabo estoy en la mayor fiesta mundial del atletismo popular. Las piernas, hoy fantásticas, responden pronto, y vuelvo a coger el ritmo. En seguida, llego a la milla 23 y entro en Central Park. Aquí de nuevo hay más público. Muchos te gritan con un ¡Venga España!, y mi cabeza sigue dando vueltas por lo que acaba de pasar. Ahora voy rabioso. Se que las últimas 3 millas son bastante duras, con subidas pronunciadas. Voy muy muy bien de fuerzas y vuelvo a adelantar a bastante gente, sólo miro hacia delante. Pasan muy rápidas, y sólo pienso en apretar los dientes. Ya estoy en el último kilómetro, y vuelvo a ver a mis colegas y compañeros de vacaciones. Los señalo y les grito, que bueno que estéis ahí... Aquí el público es increíble de nuevo. Miles y miles de personas se agolpan en las aceras sin dejar de gritar. Sigo a tope, ganando todos los puestos que puedo, y entro en los últimos 400 metros, plagados de gradas donde ya es el delirio. Miro alrededor pensando a quien le gritan y veo que estoy solo, casi me da hasta vergüenza, es increíble. Alcanzo a un italiano a falta de 100 metros, nos miramos, aplaudimos a la grada que gritan aún más, nos damos una palmada en la espalda, y entramos en meta sonrientes. Desde luego, estos últimos metros no se me olvidarán fácilmente.2 hr 31' 5''

Lo primero que me viene a la cabeza son los 2 minutos que he estado en esa cabina, joder, joder, joder. Enseguida me doy cuenta que pensar así es una tontería. He entrado el 56 en meta, y de otra forma hubiera sido el 47. No creo que la felicidad dependa de un número. Me quedo con todas el público, todo lo vivido antes de salir, y con esa sensación tan buena de fuerza en el cuerpo. Ahora, con todo el cuerpo sensible por el esfuerzo y la emoción, me pongo tonto y me acuerdo de toda la gente que me gustaría que estuviera ahí conmigo, ya sabéis quien sois, no hace falta que os lo diga, verdad ?.

Es curioso como algo tan simple y primitivo como es correr puede transmitirnos tantas y tan intensos sentimientos, pero lo cierto es que, junto a momentos con familiares y amigos, los instantes más profundos y bonitos que tengo de estos últimos 12 meses han sido mis 3 maratones y el tiempo pasado con personas especiales que he conocido gracias al atletismo.

El ambiente tras cruzar la meta también es fantástico. Nos cuidan como a reyes, y todos los voluntarios tienen una gran sonrisa en la boca mientras te felicitan. Poco a poco, son miles y miles los llegados. Alguno más tocado que otro, pero todos con alguna historia que contar, y todos llenos de ilusión por haber concluido este maratón tan y tan especial.

Yo así os lo he contado, tal y como lo he vivido y sentido. Gracias por todos vuestros sms y vuestros ánimos desde el otro lado del charco, os juro que cada uno que he recibido me ha hecho sonreír y me ha hecho sentir muy afortunado de teneros ahí. Pronto nos veremos, y lo celebraremos.”

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