Plazas para todos

Ana Sánchez Borroy

Parece que en Huesca todos estamos contentos con la decisión de cerrar algunas plazas de la ciudad para evitar problemas de seguridad. Por un lado, según parece, están contentos los vecinos, que aseguran que no quieren tener gente rondando por delante de sus casas en las noches de fin de semana. Por otro lado, están contentos en el Ayuntamiento de Huesca porque la Policía Local se quita de enmedio la tarea de controlar grupos de jóvenes y sus botellones.

Por ejemplo, lleva cerrada seis meses la plaza General Alsina, situada estratégicamente cerca de una de las zonas universitarias. Dicen que allí se estaba empezando a asentar la costumbre de que un buen número de jóvenes se dedicaran a "hacer botellón". Solución: la plaza cerrada con vallas desde hace seis meses. Todos contentos, según parece.

Desde luego, el botellón es un comportamiento completamente incívico. Por supuesto, el ruido por la noche o encontrar cristales y vasos de plástico por el suelo a la mañana siguiente es muy desagradable. Ni siquiera dudo de que es una buena idea cerrar la plaza durante unos meses, de manera provisional, para romper la tendencia a que más y más jóvenes acudan cada fin de semana. Pero es buena idea sólo si es durante unos meses, sólo de manera provisional.

A largo plazo, cortar por lo sano nunca es la mejor opción. Si no queremos molestias por culpa del botellón, lo que tenemos que hacer es luchar contra el botellón. Con policía, con otras alternativas para los jóvenes, con educación, incluso con multas si es necesario. Lo que no es normal es que para evitar que algunos incívicos usen las plazas, nos quedemos sin usarlas para siempre todos los demás. Si nos dedicamos a cerrar las plazas, ¿para qué las queremos?

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