Cámara , luces ¡¡acción!!

Cristina Pérez Diego

Y el director comienza el rodaje, mientras el guionista intenta que los actores no se salten una coma de su texto; los focos hacen que la noche parezca día y la luna tiene que competir con los brillos de la escena artificial.

Las luces de navidad ya están en el escenario y los protagonistas deambulamos arriba y abajo, intentando sacar adelante un guión que, a fuerza de repetirlo desde hace siglos, no hemos vuelto a echar un vistazo. A lo mejor nos sorprendíamos al comprobar lo poco que tiene que ver lo que llevamos a escena con lo que el guionista escribió en su momento.

Porque muy poco es lo mismo, parece que en el fondo subyace la historia de alguien que nace por estas fechas y que puso al mundo patas arriba hasta que treinta y tres años después muere clavado en una cruz. Mientras nace de forma humilde, llegan con él una estrella, unos magos de lejanas tierras, pastores, gente sencilla que le acercan a sus padres lo único que tienen: amor. Y a partir de aquí la historia se empieza a escribir de otra manera, por lo menos para quienes lo sintieron como una señal e hicieron una religión de ese momento y los que vinieron después.

Sin embargo la navidad que se pone en escena tiene pocos rasgos en común con aquella natividad. Pero , cada año por estas fechas, los actores volvemos a interpretar nuestros papeles, nuestros ritos, gastos, nuestras compras, comidas, gastos, regalos, adornos, gastos, excesos…hasta que nos encuentra mediado el mes de febrero exhaustos y comentando entre dientes que la próxima navidad todo será diferente. Y no lo será.

En el fondo el ser humano tendemos a tropezar siempre en la misma piedra…y que a nadie se le ocurra quitarla del camino, sino recuerden la que se ha armado en Zaragoza por que a un colegio público se le ocurrió prescindir en sus aulas de los festejos navideños. Así que… a escena.

Comentarios