La carrera de San Silvestre, un clásico del deporte en Navidad

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El 31 de Diciembre miles de corredores de todo el mundo recorren las calles de diferentes ciudades para despedir el año con una cita a medio camino entre el deporte y la fiesta. Las más multitudinarias de cuantas se disputan en España son las de Vallecas y Barcelona. Desde hace algunos años, esta tradición ha llegado también hasta tierras aragonesas: Huesca, Barbastro, Sabiñánigo, Villanua o Zaragoza son sólo algunos ejemplos.

La San Silvestre, que volverá a recorrer el día de Nochevieja las calles de muchas ciudades españolas y del resto del mundo, es la última carrera del año donde se mezclan corredores aficionados con profesionales. El origen de esta cita informal hay que buscarlo en Brasil donde esta carrera urbana se celebra desde 1.924 para terminar un año y comenzar otro corriendo.

En España, la más antigua es la San Silvestre vallecana que cuenta con más de 40 años de historia y dos citas paralelas: la popular y la internacional. Este año en la prueba popular participarán 16.000 personas que, junto a los atletas internacionales, recorrerán las calles de Madrid.

Otra de las citas multitudinarias en España es la de Barcelona que celebrará este domingo su séptima edición y que destaca tanto por la cantidad de corredores que reúne como por su nombre Cursa dels Nassos (Carrera de las Narices) en alusión a la tradición catalana del Home del Nasos (Hombre de las Narices) que siempre llega el último día del año.

Bilbao, Vitoria, Valladolid, Valencia o Canarias también cuentan con su propia carrera de San Silvestre. En cuanto a lo que acontece en Aragón destaca la Carrera del pavo en Huesca, Barbastro, Sabiñánigo, Villanua, Zaragoza, Ejea y Luesia también se suman a la fiesta.

En el Altoaragón es posible que, este año, estas citas urbanas se recuerden por las bajas temperaturas aunque Adell, que también ha participado como atleta en estas carreras, recuerda una San Silvestre en Lérida, en la que participaron varios atletas del Centro Atlético Monzón, que se corrió a ocho grados bajo cero.

Para Adell esta carrera, que mezcla el deporte con la tradición navideña, es, en definitiva, una fiesta del atletismo popular.

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