Problemas alimentarios

Luis Laiglesia

El Consejero de Agricultura, Gonzalo Arguilé, ha tenido una ligera salida de tono, por ser políticamente correcto con el término, al referirse hace unos días a los últimos ataques de buitres al ganado ovino.

En algunas de las cosas que Arguilé dijo, no le falta razón, pero en otras, simplemente, llegó mucho más allá de lo permisible.

El consejero recordó que la recogida de cadáveres se lleva a cabo aplicando un criterio superior: el de la seguridad alimentaria. Explicó que la decisión es fruto de la aparición del mal de las vacas locas o el escrapi, para que ningún fabricante de piensos se le vuelva a ocurrir la brillante idea de aprovechar cadáveres infectados de animales para incorporarlos en sus productos y volver a introducir así en la cadena alimentaria la enfermedad.

Como criterio general es correcto, pero los maximalismos son malos, muy malos, y a menudo conllevan problemas innecesarios. Nadie contó con que si se eliminaban los cadáveres de ovino que habían servido de alimento a los buitres estos podrían, incluso, cambiar sus hábitos, como así ha sido.

Pero el problema ha puesto de manifiesto también una descoordinación entre departamentos, ya que es Medio Ambiente quien tiene que alimentar a las rapaces necrófagas, y no parece que esa labor la esté desempeñando con eficacia.

Cual pelota de tenis, el problema ha sido lanzado de Consejería en Consejería, hasta que Marcelino Iglesias ha tenido que intervenir cual juez árbitro y llamar al orden a Arguilé y Boné. Lo ha hecho en público, pues sus desavenencias y sus patas de banco había sido también públicas.

El tema se le ha ido de las manos al Gobierno de Aragón y la única manera de solucionar una deficiencia es, primero, reconocerla. Iglesias ya lo ha hecho, ya que ni Boné ni Arguilé parecían dispuestos a ello. Ahora toca, más allá de las palabras, procedente o improcedentes, ejecutar medidas que palien un verdadero problema que preocupa, y mucho a los ganaderos de la provincia de Huesca.