Cartas al director: "Un Consorcio Jaca-Sabiñánigo"

Antonio Ruspira

Vicepresidente del PARJaca y Sabiñánigo son demográficamente los dos municipios más importantes de toda el área centro-occidental a este lado de los Pirineos, desde Seu d’Urgell hasta Irún, casi 400 kilómetros. Esta relevancia, como es lógico, está aparejada al peso específico de la actividad socioeconómica de ambas en toda esa extensa zona: industria, construcción, servicios, turismo…

Desde el punto de vista físico, debe valorarse otro factor trascendental para Jaca y Sabiñánigo. Sus términos abarcan enormes extensiones, pero las dos capitales se sitúan y conectan en la amplia franja llana, geológicamente abierta en la Val Ancha.

La mención al concepto “conexión” no es gratuita. Esa Val es recorrida por infraestructuras de transporte de interés general: la N-330 -futura autovía- y la vía férrea Zaragoza-Huesca-Canfranc, que las vinculan y, además, forman parte de ejes estratégicos para Aragón y España. Estos ejes tienen vocación europea (túnel de Somport, Canfranc y Travesía Central), que debe ser aún concretada ya que los inconvenientes se suceden. Así, a medio plazo y en un ejercicio de realismo, conviene más analizar su incidencia relacionada con el resto de España y de la Península que hacia Europa. En la situación actual, los “mercados” industriales y turísticos de esa zona se sitúan al Sur, Este y Oeste, favorecidos en breve por nuevas comunicaciones con la mejora de la N-260 (Sobrarbe, Ribagorza, Cataluña), y sobre todo, por su incardinación en las autovías Somport-Sagunto con “ramal” a Madrid por la A-2, y Pamplona-Huesca-Lérida (hacia Levante, Centro, Cataluña y Navarra-País Vasco), que generararán potencialidades y efectos aún incalculables. Similares conclusiones se puede aplicar al ferrocarril ya que la relación directa con Zaragoza, vía Huesca, enlazará de forma incuestionable, cuando se mejore el trazado, a esta zona Jaca-Sabiñánigo con la red AVE y convencional, así como con el futuro corredor Cantábrico-Mediterráneo.

En otro ámbito, hay que valorar en el área de Jaca y Sabiñánigo, la presencia o producción en abundancia de determinados recursos imprescindibles. La zona es “exportadora” de energía, cuenta con abastecimiento de agua garantizado y con el suelo en la Val Ancha, además de disponer de una regulación ambiciosa en el marco de las Directrices Parciales de Ordenación Territorial del Pirineo.

En resumen, nos hallamos ante una situación de partida cuyo diagnóstico es de solidez pero sobre todo ante perspectivas y oportunidades para el “Corredor Jaca-Sabiñánigo”. ¿Cómo concretarlas?

Hay que apuntar que los objetivos y respuestas a las necesidades desde ambas ciudades, se han planteado -con excepciones contadas- por su cuenta y, a veces, en franca competencia o polémica. Sin embargo, el pragmatismo de las decisiones empresariales, la optimización de recursos y el propósito de horizontes más elevados, abocan al fomento y consolidación de la cooperación. La pujanza cara al exterior, la capacidad de “presión” conjunta, la credibilidad de propuestas con doble respaldo, el efecto de atracción y atención hacia la zona, se multiplicarían mucho más que por dos. Las sinergias y la coordinación entre ambas localidades se revelan como una obviedad que realizar.

En primer lugar, concitando voluntades hasta alcanzar localmente un compromiso, un “pacto de Bescansa”, en alusión al punto que es “frontera” entre Jaca y Sabiñánigo. De inmediato, plasmando ese compromiso en una “palanca” activa. Hoy, los instrumentos de cooperación en el ámbito socioeconómico son complejos y tienen que contar con actores públicos y privados. En mi opinión, la figura del consorcio, que equivale a acción promotora e implicación de sus miembros, sería la herramienta útil como ente de promoción conjunta, diseño de acciones, contacto y encuentro entre emprendedores locales o foráneos, administraciones y agentes sociales. Es una primera propuesta.

En cualquier caso, todo proyecto de colaboración debe fijarse un primer objetivo principal que sirva como “enganche”, porque resuma y reúna buena parte de los procesos y efectos que se pretende. La síntesis, ante el diagnóstico y perspectivas explicados, conduce a la cuestión de las comunicaciones. El corredor Jaca-Sabiñánigo presenta posibilidades, producción y atractivos que necesitan volcarse al exterior y recibir impulso externo para crecer. En un período variable, dispondrán de las nuevas autovías. Sin embargo, pese a su impacto favorable inmediato, el transporte por carretera no es la modalidad prioritaria cara al futuro. Está decidido que cualquier punto de Europa que pretenda posicionarse en el siglo XXI, debe poner todo su interés y capacidad de gestión en el ferrocarril.

Jaca-Sabiñánigo cuentan con una línea que las vincula con el resto de España. ¿Es así? El trazado y estado de la misma a partir de Huesca, lamentablemente no permiten su explotación en condiciones y la inversión que exige esa vía no es firme aún. El Canfranc es una triste incógnita y la mejora por tramos a expensas de la Travesía Central, es un horizonte incierto, el cual no favorece a Jaca y Sabiñánigo, cuyos “mercados” industriales y turísticos se encuentran al Oeste, Este y Sur. Así, el ferrocarril como objetivo de interés común, tiene que ser presentado con la constatación de que la actividad y el potencial de la zona y de su ‘corredor’, justifica y exige una modernización integral del trazado ferroviario por sí mismas. En concreto, las factorías sabiñaniguenses (Aragonesas, Alcoa, Bieffe,…), sociedades como Silos de Canfranc, los futuros polígonos, aseguran una cuota de demanda de mercancías. El transporte de pasajeros por turismo la garantiza respecto a pasajeros.

Las respuestas sólo son positivas y favorables, y pueden ser llevadas a la práctica si se produce una acción concertada. De ahí, el consorcio que podría integrar a las instituciones locales (ayuntamientos de Jaca y Sabiñánigo y comarcas de Jacetania y Alto Gállego), agentes sociales (asociaciones de empresarios y sindicatos), más todos aquellos potenciales beneficiarios de la nueva comunicación ferroviaria (empresas industriales y de diversos sectores, estaciones de montaña y esquí,…), junto con las entidades aragonesas de ahorro en su línea de trabajo por el territorio.

Este Consorcio Jaca-Sabiñánigo, además de los planteamientos y gestiones que estimara oportuno en otras materias, podría realizar cuanto se deduce de una acción promotora por el ferrocarril: estudios e informes, contactos institucionales o políticos, divulgación de la iniciativa, captación de nuevos miembros (operadores ferroviarios), explorar vías de financiación (¿Unión Europea?). Su tarea y continuidad en el tiempo generaría así mismo una beneficiosa influencia sobre la dinamización y presencia exterior de la zona, demostrando voluntad emprendedora y de unidad, determinación, autoconfianza y empuje en sentido amplio. Es la segunda propuesta.

Con todo ello, se produciría una evolución evidente desde una absurda desvinculación actual entre Jaca y Sabiñánigo -incluso entre ambas comarcas-, hacia la conformación de un cauce destinado realmente por acción propia a transformar la realidad, generando oportunidades de desarrollo y bienestar para ese espacio, y por tanto para sus vecinos, para todo Aragón y los aragoneses.